Vivimos semanas de preocupación creciente por el encarecimiento de la electricidad y los carburantes, y su consecuencia para las familias y el tejido empresarial, fruto en parte de una escalada especulativa que la invasión de Ucrania ha intensificado.
El encarecimiento de los carburantes está afectando especialmente a nuestro mundo rural donde las alternativas de transporte son casi inexistentes, y a muchas de nuestras empresas y autónomos, lo cual acaba encareciendo todo tipo de productos que llegan al consumidor final, perjudicando a la parte más frágil de nuestra sociedad y creando más desigualdad.
El total de la energía producida en Aragón el pasado año fue de 17.592.984 MWh, y el consumo de Aragón en ese mismo año fue de 9.962.897MWh (incluido el consumo de las industrias energéticas). Es decir, en Aragón se produjo un 176 % de lo que se consumió, principalmente energía eólica, hidráulica y solar fotovoltaica. El objetivo del Plan Nacional de Energía y Clima 2021-2030 es al finalizar la década conseguir un objetivo de 42 % de producción verde, cifra superada por Aragón desde hace años, y por ello es muy injusto que veamos como el recibo de la luz nos lo marca el gas, algo difícil de soportar las empresas y para familias, especialmente aquellas que cuentan con calderas comunitarias que no pueden acogerse a tarifas de último recurso, por lo que es necesario que el gobierno central actúe sin dilación.
Y es que a la sociedad aragonesa nos perjudica gravemente el sistema marginalista por el que da igual que el coste de la energía que produzcamos en Aragón no alcance ni la décima parte del importe que estamos pagando, ya que el gas que es la energía más cara es la que marca el precio para todas, y por ello mientras no se saque el gas del cálculo del precio final nuestras familias van a sufrir y nuestras empresas van a perder competitividad, e incluso ver en peligro su viabilidad.
Por otro lado mientras pagamos estos crecientes precios en nuestra factura de la luz, soportamos una avalancha de proyectos de parques fotovoltaicos, eólicos y líneas de evacuación de transporte (línea de muy alta tensión Valsalada-Laluenga-Isona), con unas dimensiones y unos impactos desconocidos hasta hoy, que convertirán a Aragón en una central eléctrica para abastecer lejanos centros de consumo y que pueden suponer un impacto muy negativo sobre nuestros sectores turístico y agroganadero, por la afección paisajística en el primero caso y la ocupación de tierras de labor y pastoreo en el segundo, favoreciendo el rentismo.
La apuesta debería ser un plan ligado al aprovechamiento de la energía en el territorio para facilitar la implantación de nuevas empresas que permitan generar expectativas de empleo en la población local, ante el nulo empleo directo que crean este tipo de proyectos energéticos, y para ello hay que conseguir que el coste de la energía en los municipios generadores o afectados por la evacuación debería ser inferior al precio de referencia del mercado.
Urge planificar y tomar decisiones, no se puede perder ni un minuto.

