Subo las empinadas calles del barrio alto de Hoz de Barbastro encaminándonos hacia la iglesia. Una cancela, que invita a pasar más que impide el paso, nos lleva a una calle en curva que recuerda el acceso a una atalaya mora. La roca viva, alternancia de calizas estratificadas y masivas, flanquean el camino. Asciendo todavía más para llegar a la iglesia a cuyo costado continúa la roca. Aquí los ojos ya se detienen en pequeñas doradillas (Ceterach officinarum), los primeros felzes que me han traído a Hoz.
Ellos, junto con el té de roca (Chiliadenus glutinosus) y los arrocetes (Sedum album) aprovechan los resquicios de la roca y nos avisan de la soleada orientación de esta cara. La paletaina (Parietaria judaica) se pega al muro desafiando la fuerza de gravedad. Subo una escalera metálica ya que, aunque el lugar es atractivo, el motivo del paseo continúa más arriba.
Hoz de Barbastro nos ofrece dos versiones de paisaje. Por una parte, el paisaje que encaja con la imagen que habitualmente asociamos con esta palabra: amplitud de espacio con un horizonte remoto. Es el llano del Somontano con su collage de olivos, almendros y viñas que mudan de color con cada estación. Festonean esta vegetación doméstica retazos de carrascas y artos.
Pero el paisaje que busco tiene otro carácter. Para descubrirlo me olvido de amplios panoramas y echo una mirada a mis pies, a la escala vegetal, de distancias cortas, escenarios recogidos, y me asomo en el lado norte de este promontorio rocoso. Helechos de verde hoja, amplia y dividida forma un micropaisaje de helechos que trepan y tapizan la pared. Pocos lugares en el sur de nuestra comarca permiten contemplar estos felzes, (Polypodium cambricum sp. cambricum) porque también son escasos los cantiles de caliza por estos pagos.
Sí podremos verlos en contados lugares de Estadilla, pocos sitios más. Contrapunto de esta parquedad es la abundancia de su pariente cercano Polypodium vulgare, frecuente en las umbrías de abetales, hayedos y quejigares de la montaña. Estos que en Hoz contemplo están ahora, en diciembre, en su pleno apogeo vital, pues en el envés de sus frondes brillan como pepitas de oro sus discos portadores de esporas, listas para emprender viaje y generar nuevas plantas.
Los felzes son los helechos, cualquier helecho, en las tierras de Aragón, pero este tiene su propio nombre que comparte con su pariente norteño: zerbuna. Quizá algún pastor, en su trashumancia de ovejas, también pastoreó palabras y bajó de la montaña este nombre para una planta que se le antojaría la misma que allá veía y con la que remediaba la sangre espesa. Dicha función también le merece otro nombre popular, mermasangre, que dicho sea de paso, es aplicado a multitud de especies vegetales con similar cometido medicinal. De los felzes de Hoz unos miran al sur, al llano, mientras otros miran al norte, a las montañas cubiertas ya de nieve. Del micropaisaje al gran paisaje. Del paisaje vegetal del Somontano al gran paisaje del Altoaragón.

