Estabilización es la palabra de moda. En Aragón llevamos “estabilizados” en la cumbre de la segunda ola del Covid-19 desde mediados de julio. Las razones son complejas, pero poco a poco se van desvelando las claves. La primera clave es la limitación de la movilidad. La mejor prueba de ello es la espectacular mejoría en Madrid, a pesar de seguir con las terrazas abiertas. En Aragón estas medidas (la limitación de la movilidad) se tomaron tarde, y al carecer de policía autonómica no se cumplen (no hay medios suficientes).
La segunda medida es el cierre de la hostelería y bares, medida adoptada en la mayor parte de las comunidades y el resto de Europa. Lambán no ha cerrado bares y se ha limitado a poner el toque de queda. Esta medida ha demostrado su utilidad en Cataluña y permitirá pronto su reapertura. Yo como médico con Covid-19 durante mi confinamiento, he tenido que ver con humillación como los bares de enfrente de mi casa están repletos diariamente de gente que no se pone la mascarilla. De hecho el Financial Times, poco sospechoso de izquierdista, ha recomendado el cconfinamiento estricto y más corto, como medida para no dañar la economía.
Finalmente el Hospital de Barbastro que atiende una población de referencia superior a la del Hospital de San Jorge, pero con la mitad de personal, se vio beneficiado durante años por la descompresión que suponía que toda la franja y Fraga acudían a Urgencias del Hospital Arnau de Vilanova por proximidad y por un concierto que la crisis ha dejado sin efecto.




