Ronda Somontano.- ¿Qué hacer para adoptar la postura base de restauración?
Ejercicio y Bienestar.- Es una postura, como casi todas las de descanso, que se realiza sobre el suelo, por esto primero hay que acondicionar el lugar en el que se va a realizar. Colocar una manta o una esterilla sobre el suelo lo suficientemente densa para permitir un buen aislamiento pero no en exceso porque interesa percibir la dureza del suelo, siempre que sea tolerable, bajar al suelo muy lentamente enrollando el espinazo vértebra a vértebra y permanecer instalado de manera confortable. Disponer de una cuña para debajo de la cabeza (un libro, una toalla plegada, un corcho…, de 2 o 3 cm de espesor) y un reloj despertador cerca y bien visible si tan solo se dispone de un tiempo limitado para descansar y restaurarse.
RS.- ¿Por qué se denomina postura de restauración?
EB.- Porque cuando se adopta esta postura a los pocos minutos todo el sistema humano, cuerpo y mente, se restaura del acortamiento articular, del cansancio o del estrés acumulado. Hay que tener en cuenta que el organismo humano es una unidad, nada funciona por separado, de manera que la fatiga, la falta de energía o elm nerviosismo, afectan tanto a las emociones, como a la circulación de los fluidos corporales, como a la actividad mental.
RS.- ¿Una vez en el suelo cómo hay que adoptar esta postura?
EB.- Una vez las manos lleguen a contactar con el suelo hay que flexionar las piernas y apoyar las rodillas, de manera que se adopta la postura de cuadrupedia, desde ésta, se apoya una nalga sobre el suelo, a continuación el hombro, una vez de lado se efectúa una rotación del tronco de 90º para situarse en decúbito supino, boca arriba. Se toma la cuña con una mano, se eleva con la ayuda de ésta la cabeza y se coloca la cuña debajo. Seguidamente, con ambas manos, se alarga la parte posterior del cuello todo lo que se pueda hasta notar que la barbilla apunta de manera paralela hacia el pecho. Flexionar las piernas hasta apoyar las plantas de los pies sobre el suelo. Tratar de mantener los pies y las piernas paralelos a la distancia de la longitud del propio pie. Mantener los brazos y las manos paralelos al tronco en supinación (con las palmas de las manos hacia el techo), así como los dedos de las manos todo lo separados que se pueda y con las uñas en contacto con el suelo.
RS.- ¿Y no puede ser muy incómoda o tensa esta postura?
EB.- En absoluto sino todo lo contrario. Es posible que alguna persona tenga alguna dificultad para extender los dedos de las manos y tocar con las uñas el suelo por exceso de tensión en los brazos y el acortamiento articular y tendinoso que eso comporta. Nada, absolutamente nada. Permanecer tranquilamente prestando atención a la respiración diafragmática y tratando de Si así sucediera, puede ir alternando el estiramiento de los dedos de las manos con momentos de distensión y descanso. Si las rodillas tienden a separarse puede ponerse una pelota de goma espuma o un cojín entre ellas. Con estas prevenciones se puede mantener esta postura un buen rato disfrutando de un merecido descanso, estirando con cada ciclo respiratorio la columna vertebral, restaurando las curvaturas cervical y lumbar, abriendo el pecho y fluyendo con el ciclo respiratorio dejando pasar los pensamientos.
RS.- ¿Es posible que alguien se aburra o se duerma?
EB.- Aburrirse es imposible, si se está atento a dejar pasar los pensamientos al exhalar en cuanto se presentan, centrándose exclusivamente en el ciclo de la respiración y en las diferentes sensaciones corporales. Cuando alguien se aburre es que la mente está excesivamente activa, se está fuera de sí no en sí mismo. Cuando se está centrado en sí mismo y se adopta está postura se está orando con el cuerpo sintiendo sus múltiples rincones e iluminándolos con la luz de la conciencia como auténticos tesoros.
En referencia a los que se duermen, ningún problema, pues esto es síntoma de que la persona también necesita el sueño reparador. Lo único que pasa es que cuando se duerme se pierde la posibilidad de contemplar el paisaje del propio cuerpo, como cuando se viaja, como de perderse el desenlace de una película cuando se va al cine. Porque se si permanece atento a las percepciones del propio cuerpo el espectáculo puede ser fantástico, amén de único y singular.

