Pocos temas se prestan tanto a juicios demagógicos como la retribución de los cargos públicos. El pasado día 31 de octubre, el Pleno del Ayuntamiento aprobó un nuevo régimen de dedicaciones y retribuciones de los concejales de la corporación. Es inadmisible que la responsabilidad de concejal, o de cualquier otro cargo de representación ciudadana, perjudique la economía de quien la ejerce. Nadie puede estar en contra de que ese trabajo se recompense de algún modo. Sin embargo, cómo se lleve a la práctica puede estar sujeto a la discusión y a la crítica.
El acuerdo tomado supone un salto no solo cuantitativo, sino cualitativo en la vida política municipal. El desembolso que va a realizar el Ayuntamiento para pagar las nóminas y los seguros sociales de los concejales con dedicación parcial o exclusiva va a ser 230.000 € (4,5 jornadas completas). A esta cifra habría que sumar lo correspondiente a la retribución que temporalmente no percibe el alcalde debido al cargo que desempeña en la Diputación Provincial. Una vez que finalice esta circunstancia, el gasto total superaría los 280.000 €. Una diferencia enorme si miramos hacia atrás. Por otro lado, si el compromiso electoral del Partido Popular era que “los barbastrenses van a pagar menos impuestos”, ¿de qué partidas se van a detraer recursos para financiar este nuevo gasto? Y, por cierto, ¿por qué una medida de este calado no figuraba en el programa electoral de ninguno de los dos partidos que conforman el equipo de gobierno?
¿Ayuntamiento mejor gestionado?
Se defiende que el Ayuntamiento estará mejor gestionado por asignar estas remuneraciones, ¿lo creen ustedes así? Nuestra opinión es que no, entre otras cosas, porque eso supone afirmar que los anteriores concejales no se han dejado la piel, con aciertos y errores, en la responsabilidad que tenían asignada.
La valoración general que merece el funcionamiento del Ayuntamiento en la actualidad es penosa: hasta la fecha no hay presupuestos aprobados, el porcentaje de ejecución de inversiones no llegará ni por mucho al 5 %, el retraso en los trámites administrativos es endémico con tendencia a empeorar… Ni siquiera haría falta citar estos escandalosos ejemplos porque es un sentir de la mayoría de los barbastrenses. Y no hay que olvidar que en el pasado mandato ya se incrementó el número de concejales con retribución.
Reforma de gestión municipal
A nuestro parecer, la solución a esta situación no se encuentra en la mejor o peor remuneración de los concejales, sino en la reforma radical del sistema de gestión municipal. Es imprescindible diseñar un modelo que ordene y dimensione los recursos humanos y materiales del Ayuntamiento para alcanzar unos estándares de eficiencia razonables. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones, esta empresa, vital para Barbastro, requiere un diagnóstico acertado, colaboración y lealtad de todos, determinación y liderazgo. En su caso, la asignación de retribuciones debería formar parte, o más bien ser el colofón, de ese nuevo modelo. Lo que va a resultar inaceptable es que los resultados a partir de ahora no sean radicalmente mejores porque los salarios, en cualquier lugar, solo se justifican por su productividad.
Mientras ese plan de mejora de la maquinaria municipal no esté sobre la mesa, ¿no podría emplearse parte de esos recursos en la contratación de algún cualificado profesional para mejorar estas deficiencias o para la captación de inversiones de calado? ¿Por qué no se acude a la posibilidad de los puestos de libre designación para ello? ¿No consideran que así el trabajo de muchos concejales se vería reducido y que los resultados serían sustancialmente mejores?
Hay otros aspectos criticables como la correspondencia entre la cuantía de la dedicación y la relevancia del área para la ciudad. ¿Por qué Hacienda y Urbanismo requieren menos dedicación que Bienestar Social? ¿Conllevan menos trabajo o su importancia es menor?
Más profesionales en la política
Finalmente, no hay que olvidar que el ejercicio de un cargo público debería suponer un alto grado de vocación y entrega que nunca será del todo recompensada por una retribución económica. Este modo de entender la política está desapareciendo y ni mucho menos las nuevas prácticas suponen una mejora en el servicio al ciudadano, sino todo lo contrario. Como decía un antiguo y brillante diputado español: “cada vez hay menos profesionales en la política y más profesionales de la política”. Eso era hace muchos años.


