El desarrollo de todas las naciones, a lo largo del tiempo, ha estado marcado por la capacidad de las personas en el poder para proveer a sus habitantes, especialmente en lo que respecta a seguridad y alimentos. Los fenómenos climáticos cambiantes, las nuevas restricciones a la exportación o la escasez de algunos productos afectan a la seguridad alimentaria de cada nación cultivadora y de aquellas que dependen de los productos de otras, poniendo en jaque la seguridad mundial.
En este contexto, es especialmente importante proteger a los pequeños agricultores. Se estima que hay más de 600 millones de agricultores, con máximo 2 ha cada uno, que aportan en torno al 30% de la producción total de cultivos en el mundo.
Vulnerabilidades principales del pequeño agricultor
Como se mencionaba en la introducción, el cambio climático y los fenómenos cambiantes hacen de la agricultura un sector especialmente vulnerable, con el foco puesto en aquellos agricultores con menos recursos. La clave para superar este problema pasa por una adaptación rápida y exitosa de la agricultura que pueda compensar el impacto negativo de esta inestabilidad climática.
Parte de los problemas asociados a este reto surgen debido a la falta de información. Por un lado, falta de información sobre el clima y conocimiento sobre técnicas de cultivo más eficientes o datos sobre qué insumos funcionan mejor en cada tipo de terreno y/o tipo de cultivo. Por otro lado, muchos pequeños agricultores no tienen suficiente conocimiento financiero y no saben qué información proporcionar a la hora de solicitar un crédito; a eso se le suma que muchas entidades bancarias no tienen conocimiento para valorar apropiadamente un terreno agrícola o consideran demasiado caro el hacer visitas al mismo. Afortunadamente, en todos estos casos, la tecnología de vanguardia puede solventar todos estos problemas de forma eficiente y rápida.
El papel de la tecnología a la hora de fortalecer al pequeño agricultor
Elegir el cultivo adecuado para cada campo y estación está en la mano de los agricultores que se apoyan en la tecnología. Gran parte proviene de sensores colocados por el campo, drones e imágenes de satélite. Hasta ahora los sensores solían usarse únicamente para medir datos, como la temperatura o la humedad del suelo, pero en los últimos años ha aumentado el uso de sensores de humedad del suelo para mejorar la eficiencia del riego, por ejemplo. Los sensores de humedad del suelo detectan que el contenido de agua disponible es bajo y avisan para que el agricultor riegue el campo o activan los aspersores de forma automática, según el caso.
Por su parte, los drones son capaces de recoger datos a nivel local de forma muy precisa sin necesidad de que el agricultor se desplace hasta la zona en cuestión, pues están equipados con potentes cámaras. Las imágenes de satélite permiten obtener una vista completa de todo el terreno y gracias a la capacidad de los diferentes sensores equipados en los satélites, pueden obtener información en distintas longitudes de onda, tanto visibles como invisibles por el ojo humano, para revelar la verdadera situación del campo, incluyendo información sobre la salud de las plantas o los niveles de nutrientes del suelo.
Gracias a la combinación de todos estos datos, la gestión de los cultivos ha evolucionado hasta un nivel en el que los agricultores pueden saber con fiabilidad cuándo es momento de regar, qué cantidad de insumos como fertilizantes aplicar y dónde o a qué tipo de problemas de salud se enfrentan las plantas (enfermedades o plagas). Esta evolución no solo aumenta el rendimiento de los cultivos, con su consecuente mayor beneficio para el agricultor, también minimiza los gastos al reducir el desperdicio de recursos y ayuda a proteger el medioambiente.
La importancia de las cooperativas para el pequeño agricultor
La creación de una cooperativa viene a intentar resolver los problemas de ineficiencia de las explotaciones individuales. Esa ineficiencia surge, principalmente, desde el punto de vista económico, debido al aumento de los costes de los insumos. Tampoco suelen aprovechar y pedir créditos con los que mejorar y ampliar la explotación. Y, en la mayoría de los casos, la venta de los productos cultivados se reduce a un intermediario, que será el que transporte la comida del campo al supermercado.
Las cooperativas tienen un mayor poder de negociación, consiguen precios más bajos en los insumos debido a un mayor volumen de compra, comparten información y recursos entre sus miembros y tienen más facilidad para acceder a créditos y/o financiación por parte del gobierno. Con todas estas ventajas disponibles, cada pequeño agricultor puede mejorar la rentabilidad de su negocio, con acceso a tecnología moderna y más y mejores insumos, al tiempo que se vuelve menos vulnerable al cambio climático y la inestabilidad económica global.




