La despoblación en el Somontano ha causado estragos en varias zonas, y especialmente en el Norte de la Sierra de Guara, donde hay varias ‘rutas senderistas’ para visitar los despoblados y sus casas se han convertido en museos etnológicos. ¿Queremos que estos pueblos sean museos inertes? ¿o que cobren de nuevo vida? Sus habitantes y descendientes, que tuvieron que dejar estas tierras, una de las decisiones más duras a tomar, claman, no ya justicia, sino un poco de sentido común.
Cosme Salinas dejó un mensaje en redes sociales a raíz de la marcha ecologista contra la pista forestal del Eje Norte de Guara que bien ilustra esta situación: “Unos mantenéis con vida Las Bellostas, otros sabéis lo que es cargar los trastes en el macho y marchar de vuestra casa, vosotros sí que sabéis la importancia de tener una pista. Todo mi apoyo y respeto”.
Los antiguos habitantes tienen la oportunidad de regresar aunque sea de visita, porque para rehabilitar sus casas en un Parque Natural tendrían que ser “millonarios”. Y decimos regresar “aunque sea de visita” porque la mayoría de estas personas no tienen un ‘nivel senderista’ adecuado como para poder acceder a estos lugares. Como ejemplo, el día de la marcha cuando los ecologistas, en contra de la pista, pudieron llegar a la iglesia de Nasarre y colgar en ella una pancarta con el lema “PROTEJAMOS GUARA’. Pero esto no fue posible para los propietarios de esos terrenos, que por sus condiciones físicas no pudieron acceder ¿esto está bien? Protejamos Guara ¿para quién? ¿Para quién pueda acceder a disfrutarlo? Desde aquí, humildemente, nos parece un tanto egoísta.
Con la pista, un anhelo de muchos pueblos desde hace más de 30 años, y proyectada por los diferentes gobiernos que han ido pasando, se presenta ahora una posibilidad real para su ejecución. Sin embargo, hay una oposición ecologista, que se pregunta, entre otras cuestiones, por los intereses turísticos en la zona. Asunto que José Luis Otín, presidente del Patronato, entrevistado en este número, deja claro: “Es una cuestión que nadie ha planteado en el Patronato. El único interés que nos mueve es facilitar las actuaciones y modos de vida de sus pobladores y
propietarios, y la gestión del propio Parque. Todo está regulado en un espacio natural, y también la actividad
turística, siempre necesaria para su conocimiento, pero que nunca es fácil en lugares apartados”.
Con todo el respecto al ecologismo, creemos que ha de haber un desarrollo medioambiental sostenible, pero también humano; siendo éste el primer ser proteger, porque sin él, el medio ambiente carece de sentido, y a la inversa. Por lo que es imprescindible un equilibrio entre ambas partes.
La pista proyectada, según el informe favorable del INAGA publicado en el BOA nº 35 de fecha 21/02/23, no es lesiva para el medio ambiente, y tendrá que cumplir muchos requisitos para llevarse a cabo. Por ello, en un Parque Natural como éste, que como explica José Luis Otín “es muy peculiar. Tiene una enorme extensión, el 65% de su territorio es propiedad particular, es un parque habitado, con muchos pueblos y actividades económicas, no es el típico espacio de dominio público y de exclusiva naturaleza salvaje”, es necesaria una pista.
Su ejecución es una oportunidad que democratiza el territorio, da igualdad de oportunidades. No se entiende por qué gentes de otros territorios están tan en contra de la pista. Todas las zonas de Guara, todas sus comarcas, tienen el mismo derecho a desarrollarse, ¿qué está pasando? Nadie quiere conservar más un territorio que sus propios habitantes, por ello, esto carece de toda lógica.
El derecho a la vida en estos territorios debería ser prioritario. Porque si no, tendremos espacios naturales para el disfrute de turistas, pueblos abandonados, sus pobladores viviendo en ciudades, su corazón queriendo volver, pero sin poder hacerlo. Y el discurso de la España vaciada quedará en eso, en solo eso un discurso.
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