¿Qué ha sucedido para que el campo estalle?
El campo ha estallado porque la gente está harta de la situación que vive. La baja rentabilidad en las explotaciones, la aplicación de la nueva Política Agraria Común supone una presión muy fuerte, el descenso de las ayudas torno al 20/25%, los precios de los productos por debajo de su valor, el incremento de los costes de producción, la Ley de Bienestar Animal, la subida del Salario Mínimo Interprofesional. Aquí queremos puntualizar que no estamos en contra de su subida, el problema es que el precio al que nosotros vendemos el producto no refleja este incremento, por lo que las explotaciones están llegando a un punto que tienen que decidir, entre mantener los trabajadores o disminuir el volumen de trabajo y tener que despedirlos. Lo que solicitamos es que las Administraciones se hagan cargo de la parte de Seguridad Social y otros impuestos en proporción a la subida y no nosotros, ya que es de justicia social.
¿Cuál es vuestra postura y reivindicaciones?
Pedimos la disminución de la carga burocrática, de todas las normativas innecesarias que en muchos casos se solapan unas con otras. Que la normativa medioambiental que la UE esta aprobando, que incluso alguna se podría considerar de ‘ocurrencia’ por su inadecuación a la realidad y sus efectos medioambientales dudosos, se reduzcan.
Pedimos no tener competencia desleal de terceros países. Europa con toda esta normativa lo que está haciendo es disminuir la productividad y perdiendo soberanía alimentaria, mientras que los productos que importamos para suplir esta falta de producción no cumplen estas normativas.
No estamos en contra de la digitalización, en las explotaciones está siendo positiva. El problema con el ‘Cuaderno de Campo’ es las plataformas con las que trabajan las Administraciones. Nos exigen fotos georreferenciadas de los cultivos que cuando las vamos a subir, nunca funcionan. Para exigirnos primero deben funcionar sus aplicaciones.
La Agenda 2030 planea en muchas de las consignas que se están escuchando, ¿Qué implica?
Es muy amplia, hay muchos aspectos con los que estamos de acuerdo, pero en lo que afecta a la agricultura y ganadería, la Agenda 2030 ha sido creada por lobbies mal llamados medioambientalistas. Se tendría que haber legislado de abajo arriba, habernos consultado a quienes pisamos el terreno en vez de parecer que somos los enemigos. No puede ser que se legisle y quieran adaptar un sector a una legislación creada desde la distancia, el desconocimiento y el papel, porque el papel lo aguanta todo.
Denunciamos que es una ley hipócrita, es decir, en Europa vamos a dejar de producir, nos vamos a convertir en un jardín solo para la foto y vamos a traer el producto de terceros países que están trabajando muy por debajo de las exigencias europeas. Lo sucedido por ejemplo con la sandía y limones de Marruecos, que llevan pesticidas en Europa hace décadas prohibidos.
Respecto al tema de fitosanitarios y pesticidas pedimos inversión en investigación. Buscar productos no dañinos para el medioambiente y la salud pero que garanticen la cosecha, porque si se eliminan todos, al final dejaremos de producir por la merma de las cosechas. Antes de prohibir hay que dar soluciones.
La aprobación de Ley de Restauración de la Naturaleza, el 27 de febrero, es una vuelta de tuerca más. Condena a
desaparecer a muchas explotaciones en las zonas incluidas dentro de Red Natura 2000. Y puede afectar, no solo a a la agricultura y ganadería, si no al turismo y al desarrollo de cualquier actividad económica que esté relacionada con el medio ambiente. Ha sido impuesta por una pequeña mayoría: 329 votos a favor, 275 en contra y 24 abstenciones. Con las graves consecuencias que acarrea al sector, nos preocupa mucho los eurodiputados españoles que la han votado: todos los miembros del PSOE, Podemos, Izquierda Unida y Anticapitalistas. Además de Rodríguez Ramos, de Ciudadanos y Carles Puigdemont.
¿Cuál es el planteamiento de su organización para conseguir una agricultura sostenible?
Para tenerla, lo mismo, hay que legislar desde abajo. Hemos demostrado ser un sector que se adapta a los tiempos, estamos invirtiendo en investigación para la mejorar los productos, prevenir las plagas, dar salida a los purines, etc, pero volvemos a lo mismo. Un reciente estudio demuestra que Europa para producir consume menos agua y emite menos emisiones de CO2 que el resto del mundo, por lo que es un error intentar disminuir la cabaña ganadera, la superficie cultivable, cuando vamos a depender de terceros países que para producir consumen mucha más agua y emiten más emisiones efecto invernadero que nosotros.
La PAC, que financia en buena parte el trabajo del agricultor, también está en tela de juicio. ¿Qué reformas son necesarias para que los agricultores sigan creyendo en ella y no se cree una desafección hacia Europa?
En sus orígenes ayudó a obtener productos a un precio accesible para todos, pero actualmente su deriva es medioambiental y no contempla la viabilidad de las explotaciones. Las actuaciones que nos obliga a implementar nos cuestan mucho dinero que no se ve reflejado en el precio final de los productos, porque si tuviéramos que reflejar lo que realmente nos cuesta producir esos alimentos, sería muy elevado. De todos modos, ya han subido los precios, pero llegará un momento si seguimos así, que los productos frescos, de calidad, producidos en Europa no serán accesibles para todos. Tenemos que reflexionar como sociedad que tipo de alimentación queremos, si queremos que haya productos frescos para dos tipos de consumidores, los que puedan pagarlos y los que no. Por ello pedimos que la PAC vuela a sus orígenes.
Con vistas al futuro, van a durar las movilizaciones, ¿se va a conseguir algo? ¿Cuál es la solución?
Tienen que durar el tiempo necesario para que las Administraciones entiendan que, en el sector agrícola y ganadero, tanto de España como a nivel europeo, hay que buscar soluciones. Hasta que nuestras reclamaciones sean escuchadas y tenidas en consideración no pararemos.
Porque si no, todos vamos a tener un problema por la soberanía alimentaria que la UE está poniendo en riesgo y esto puede acarrear problemas muy, muy graves.
¿Hay futuro para el campo y las generaciones venideras?
Futuro hay, pero lo que no podemos permitir es que este sector se convierta en uno más en manos de las grandes empresas, que alquilen las tierras y los autónomos y empresas vayamos desapareciendo. A mi lo que me gustaría es que mis hijos pudieran elegir, y que este trabajo fuera atractivo y diera calidad de vida. Futuro hay, pero estamos en un momento en el que hay que poner los cimientos para crear un futuro digno. Estamos en una época de cambio y estas siempre son convulsas. Futuro tiene que haber porque Europa no puede renunciar a la soberanía alimentaria, no puede renunciar a la agricultura y ganadería, porque somos una pata fundamental en la vertebración del territorio y del mundo Rural que no se entiende sin ésta.
Por lo que creo que tenemos un futuro muy bueno por delante, lo que pasa es que hay que lucharlo.


