Ronda Somontano.- La espalda es un lugar del cuerpo humano poco visible pero que se queja con frecuencia de dolores y picores. ¿Cómo atender con eficacia y sencillez a las demandas y necesidades de la espalda?
Ejercicio y Bienestar.- La naturaleza lo tiene todo previsto en su lento evolucionar a lo largo de millones de años. Se puede observar a los mamíferos que conviven de manera más próxima con los humanos, como gatos, perros e incluso caballos, que con relativa frecuencia se rascan la espalda con la ayuda del suelo. Es un modo muy sencillo de eliminar picores y a su vez una excelente terapia para acabar con los dolores de espalda.
RS.- ¿Pero tener que bajar al suelo y encontrar las mínimas condiciones de confort y salubridad no son un gran inconveniente?
EB.- En absoluto. Como se ha podido constatar en las contraportadas nº 5, nº 6 y nº 10, el suelo es un gran aliado para la mejora de los dolores de espalda.
El mero hecho de bajar al suelo y posteriormente recuperar la postura bípeda desde el suelo, es en sí mismo un excelente ejercicio para hacerlo varias veces al día de manera cotidiana.
RS.- ¿Una vez en el suelo cómo comenzar a rascarse la espalda si no se ha hecho antes en la vida?
EB.- Esto es un prejuicio aprendido culturalmente pero se trata de una percepción falsa de la realidad. Todo el mundo sabe hacerlo pues todas las personas cuando eran bebés lo hacían de manera espontánea e instintiva. Ahora de adultos ya no se acuerdan, pero si saben hacerlo.
RS.- ¿Podría recordarlo?
EB.- Por supuesto. Es tan sencillo como desplegar en el suelo una manta o una colchoneta fina y bajar lentamente para una vez allí adoptar la postura base de restauración (contraportada nº 13). Desde esta postura se elevan las manos, antebrazos y brazos y se van desplazando lentamente para ir explorando la parte alta de la espalda, zona dorsal, que suele estar comprimida y sobrecargada de tensión, gracias al contacto del suelo y la presión ejercida por el propio peso de los brazos y la gravedad.
Puede explorarse también la zona baja de la espalda (lumbar) elevando una pierna, desplazándola por el aire, flexionándola sobre el abdomen o las dos a la vez, pues es cada persona la que en función de las sensaciones que perciba puede realizar unas u otras acciones.
Puede explorarse la cadena muscular de un lado, elevando y desplazando brazo y pierna del mismo lado, así como hacerlo explorando ambas cadenas a la vez, elevando los brazos y las piernas de un modo libre y lento, buscando en todo momento aliviar los dolores y picores de la espalda.
RS.- ¿Pero no es esta última acción muy difícil de realizar?
EB.- En modo alguno. Cada persona tiene que dejarse orientar por sus propias sensaciones, no teniendo ninguna prisa, sino todo lo contrario, obrando con suma lentitud. Además, tiene que tomarse todo el tiempo del mundo para ir evolucionando poco a poco, sabiendo que mientras hay vida, cualquiera que sea la edad, siempre hay margen para la mejora, para la evolución positiva. Incluso cuando se manejen con soltura ambos brazos y piernas a la vez, puede intentarse desplazar las caderas al mismo tiempo y entonces el proceso se convierte en un festín sensitivo al alcance de cualquiera.
Se trata de un ejercicio muy bueno, barato y sumamente divertido, pero lo mejor de todo es que cada persona se convierte en el mejor guía y maestro, pues es la propia vida la que va señalando el proceso a seguir. Es como volver a la infancia, pero ahora de adulto, teniendo plena consciencia de cada minúscula acción motriz que se realiza. ¡Fantástico!

