Los responsables políticos tienen la obligación de cuidarnos y prevenir nuestro futuro, por eso pueden y deben resolver problemas explicando a la ciudadanía lo que están haciendo, y van a hacer, cuando los derechos de los pacientes-usuarios chocan con el sistema sanitario público.
Las corporaciones municipales deben cuidar la relación ética que existe entre su responsabilidad pública y la vida, la salud y la dignidad de todos los ciudadanos, con el objetivo de alcanzar la justicia y el bienestar social.
La dignidad del paciente (o sea el que sufre) se amenaza y perjudica cuando la atención no es la oportuna y continua, y se vulnera ante la falta de asignación de recursos sanitarios, pérdida de seguridad y confianza emocional (cruciales éstas para afrontar enfermedades difíciles y graves), largas demoras ante dolores insoportables, listas de espera excesivas, abandono de tratamientos por cansancio, agobios ante la incertidumbre, urgencias colapsadas, falta de personal y especialistas médicos. Recibir la quimio y la visita del oncólogo el día concertado es hablar de derechos humanos.
Ésta situación tiene, entre otras muchas consecuencias, una que resulta incómoda para algunos poderes y que suele silenciarse. Se basa en el miedo. Hay pacientes que nunca contarán lo que padecen porque tienen miedo a manifestar públicamente lo que viven y sienten, no vaya a ser que pierdan lo que se les ofrece.
Es una reacción de supervivientes desamparados ante un bien común que es de todos: nuestro hospital.
De esta forma se incrementa la cultura del silencio del que sufre, su pasividad, la desesperanza y, en fin, acabamos aprendiendo nuestra propia indefensión.
Cuando la ciudadanía interviene y participa de verdad en lo público conoce la gestión, evaluación y diseño de la salud, reconoce si son o no válidas las decisiones de las autoridades sanitarias y valora los resultados y datos que la administración hace públicos.
Porque ¿tenemos derecho a conocer la información completa y sincera, sobre las medidas de salud que se toman, y con qué criterios decide la administración sanitaria nuestro futuro? Queremos vivir, no solo existir.



2 comentarios
Soberbio, Juan Carlos
Muy cierto, pues la atención que recibe el paciente que, por desgracia, debe acudir al Hospital de Barbastro, supone, en muchos casos, un menoscabo de su dignidad y de sus derechos y no por culpa de los profesionales sanitarios