Me parece interesante abordar el tema de los clubs de lectura juntamente con el análisis de una obra de un conocido escritor que hemos trabajado en la tertulia literaria de este mes de noviembre. Estoy contentísima de ampliar mis conocimientos, al tiempo que desarrollo la competencia lectora, primero, de manera autónoma y personal y, luego, compartida a través del diálogo.
La confrontación de los puntos de vista se produce a partir de conversaciones y de las interpretaciones que las personas participantes hacemos de un mismo libro. Esa diversidad basada en distintos planteamientos enriquece y permite abrir nuevos horizontes. No se trata sólo de una mayor comprensión de la obra, que implica, en muchas ocasiones, una aclaración de conceptos, sino de una socialización de opiniones.
Al no ser un grupo demasiado numeroso, se crea un ambiente más cercano en el que cuesta menos hablar en público, esbozando una adecuada argumentación. Me parece importante el desarrollo del respeto hacia los demás, la escucha pausada y comprensiva, la aceptación de todas las ideas, la solidaridad…
En cuanto al libro que trabajamos, se trata de una novela de Eduardo Mendoza. El título es El rey recibe. A pesar de ser uno de los escritores más reconocidos y galardonados de nuestro país, y de haber recibido el premio Planeta por su novela Riña de gatos, esperaba otra cosa después de obras que han sido elogiadas por una mayoría de lectores, como son: La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios y La aventura del tocador de señoras, entre otras.
No pongo en duda la habilidad narrativa de Mendoza y su agilidad, pero no ha conseguido transmitirme, debido a la falta de conexión en las escenas. Ni siquiera los personajes acaban de coger forma a lo largo de la novela. Todos los participantes en este club de lectura coincidimos en que la historia parecía detenerse a ratos, en que hay algunos pasajes innecesariamente largos y que el final te deja con una sensación de extrañeza. Si bien el libro comienza con ritmo en las primeras páginas, va decayendo conforme avanza, motivo por el cual unos cuantos nos saltamos algunas hojas. Las expectativas que todos teníamos acerca de su protagonista, Rufo Batalla, es que le pasaran cosas emocionantes, pero no fue así. Estás esperando que te sorprenda a medida que vas leyendo, pero sigues encontrando a alguien un tanto aburrido y monótono en la manera de vivir su día a día.
Realmente, ayuda pensar que, incluso tratándose de un buen escritor, un conjunto de personas interesadas en su obra, y concretamente a través de este libro, hemos conseguido hacer una crítica literaria honrada frente a los suplementos de diarios en los que se deja entrever una serie de intereses comerciales. No entiendo por qué los críticos profesionales la describen como una obra maestra y la elogian tanto. No creo que eso redunde en nada positivo para los lectores ni tampoco para la literatura.
Siento por mí y por mis compañeros del grupo de tertulias literarias, del que me erijo como portavoz en este escrito, no poder poner una mejor valoración a Eduardo Mendoza. Como este libro es el principio de una trilogía llamada Las tres leyes del movimiento, tengo la esperanza de que esto mejore en las próximas entregas, aunque, en este momento, no estoy muy convencida de querer seguir con el relato.
Mi deseo es que hablar a lo largo del curso de libros muy diversos sea para seguir conociendo a autores y autoras, así como las obras más relevantes del panorama actual. Seguro que esto contribuirá a hacer más grande la experiencia lectora, fomentando esa relación entre personas interesadas en la literatura.


