Ya sabemos que desde la Antigüedad, el vino ha sido considerado como un elemento de base para la nutrición humana ytomado por faraones, dioses, pensadores y filósofos como Platón, Aristóteles o Plinio el Viejo quien expresó la frase In Vino Veritas (en el vino está la verdad), hasta la Biblia atestigua que el primer milagro de Jesús fue convertir el agua en vino. Incluso nuestro ilustre literato español del Siglo de Oro, Francisco de Quevedo, nos decía que para conservar la salud y cobrarla si se pierde, conviene alargar en todo y en todas maneras el uso del beber vino, por ser, con moderación, el mejor vehículo del alimento y la más eficaz medicina.
Aunque el contenido mayoritario del vino es el agua, posee ciertas sustancias llamadas polifenoles que son las responsables de aportarnos muchos beneficios naturales, siempre y cuando se consuma como decía Quevedo, con moderación. Los hollejos y las pepitas contienen dos de estos polifenoles, uno de ellos se encarga en gran medida de dar color al vino (antocianos) y otro de dar cuerpo y astringencia (taninos). Las variedades cabernet sauvignon y tempranillo contienen más polifenoles que el resto.
A comienzos de la década de los 90, varios estudios señalaron lo que se conoce como ‘Paradoja Francesa’, donde se demostró que a pesar de que la alimentación francesa es rica en mantequilla, nata y queso, la costumbre de consumir vino de forma diaria y moderada reducía las enfermedades cardiovasculares, la arterioesclerosis y prevenía los infartos. Sus efectos benéficos pueden ser tanto psicológicos, una copa de vino puede relajar a las personas después de un día estresado; como físicos, favoreciendo la digestión en las comidas e incluso fijándose sobre la placa dentaria evitando las temidas caries.
Aporta sales minerales y oligoelementos como el magnesio, que disminuye el estrés; el zinc, que mejora las defensas inmunitarias; el litio, que equilibra el sistema nervioso; el calcio, el hierro y el potasio, entre otros. Y numerosas vitaminas que nos producen energía, resistencia y vitalidad.
Otra sustancia beneficiosa es el resveratrol, que protege a la uva contra el ataque de hongos y forma parte de los pigmentos que encontramos en los hollejos. Esta sustancia es capaz de estimular unas enzimas celulares que retrasan el envejecimiento de todos los organismos vivos, de reducir hasta un 80% la aparición de la demencia senil y de disminuir hasta el 75% la enfermedad del alzheimer.
Hoy en día, los antioxidantes que nos aporta el vino, son utilizados mediante tratamientos de vinoterapia en balnearios, termas, spas o centros especializados para neutralizar los famosos radicales libres que envejecen la piel, creando arrugas, manchas y flacidez.
Es tan amplia la riqueza de los elementos que lo forman, que se convierte en un verdadero alimento líquido que nos produce bienestar, que activa nuestros sentidos por su color, su aroma, su sabor, despertando en nosotros sensaciones placenteras cuando tenemos ante nosotros una copa de vino. Sin olvidar, que acompañando las comidas es el mejor anfitrión.
«Beber con medida alarga la vida» (Refranero español). Así que…
¡Salud!

