En el anterior Artículo, nos quedamos hablando de la importancia del cultivo de la vid y así era, ya que cuanto más productivo era un terreno, casi siempre era propiedad de la burguesía, clero o nobleza; más positivamente repercutía en el campesino, quien heredaba parte de estas tierras y se pasaban de generación en generación. Casi un centenar de pueblos de Huesca a finales del S. XVIII contaban con producciones de vino.
Los clérigos también disfrutaban de estos cultivos, ya que en muchas ocasiones los diezmos se recibían en forma de vino, de este modo lo aprovechaban para consumo propio, para limosnas y el excedente para comercializar; por ello, su uso en exceso estaba regulado con penas de cárcel
‘Y porque aun entre seglares comunes se tiene por cosa abominable y vergonzosa entrar en las tabernas’ Constituciones Sinodales del Obispo de Barbastro (1700).
Aun así las disputas siempre aparecen, como es el caso del pleito que se disputó entre los viticultores de Salas Altas y Salas Bajas con el Marqués de Lazán por el dominio de las tierras, cuyo veredicto fue a favor de los vecinos de ambos pueblos (Archivo Histórico Provincial de Zaragoza). Posesiones en todo el Somontano, que con la Desamortización de Mendizábal aumentaron en gran medida a manos de los campesinos que las cultivaban.
La elaboración del vino seguía las mismas fases que hoy en día pero de forma más artesana utilizando las manos o los ‘pies’ y los aperos de labranza, siguiendo las tradiciones de trasegar con luna menguante. Podemos decir que hacia finales del S. XVIII en zonas como Estada ya se cultivaba de manera emparrada. El mosto prensado se dejaba fermentar con toda la masa pisada en los lagares, muchos situados en los bajos de las casas, y no será hasta bien entrado el S.XX cuando se crearan los depósitos de cemento. A la hora de clarificar o filtrar el vino se utilizaban las claras de huevo, arenas o incluso miel. Para su transporte utilizaban una piel de cabra llamada botico. Sin embargo, su conservación no solía ser muy adecuada, lo cual suponía su utilización como vinagre o para elaborar aguardiente a la primavera siguiente. A menudo se les añadía agua, y en muchas ocasiones ciertos productos que ‘disfrazaban’ el sabor, pero no con muy buenos resultados. De ahí, que muchos burgueses comiencen a exigir vinos de mejor calidad, hasta incluso iniciar su uso gastronómico (Sabio Alcuten, Alberto, Vino de Siglos en el Somontano de Barbastro).
Los vinos más valorados eran los de la zona de Salas, Bespén y Azlor y no se solía pagar en especie sino con dinero (Sabio Alcuten, Alberto, Los mercados informales de crédito y tierra en una comunidad rural aragonesa, 1996).
Más de la mitad de las tierras cultivadas eran olivo y vid. De las principales variedades de uva destacaban, entre las blancas la Moscatel Romana para comer y ‘Montoncico’ o ‘Ulleta’ de grano muy apiñado para la elaboración de blancos, los cuales eran más valorados y se encontraban en las mesas más refinadas. Entre las uvas tintas para vinificar utilizaban la ‘Crucillón’ o ‘Crujillón’, ahora conocida como Mazuela o Cariñena y la ‘Crespello’ o ‘Vidadico’ de grano grueso y globoso (Asso, Ignacio de, Historia de la Economía Política de Aragón).
El consumo de vino era un habitual en todas las edades, a edad temprana con una tajada de pan, en la juventud se bebía de trago y en la edad adulta se disfrutaba y anhelaba. En Barbastro, el vino se vendía en las tabernas municipales, ya que existían normas muy proteccionistas donde se prohibía su venta en mesones o bodegas (Salas Ausens, J.A. La Población de Barbastro 1981).
Con la aparición de la filoxera a finales del S. XIX en Francia, ese famoso insecto que no sólo afectaba a la cosecha sino que mataba la planta, apoyado por la ayuda del ferrocarril, el consumo de vino procedente del Somontano se multiplica tanto para la exportación como para el consumo interior.
Por estas fechas se instala en Barbastro la familia Lalanne, procedente de Burdeos, inicialmente en los bajos del Hostal San Ramón, con la finalidad en un primer momento de exportar vino del Somontano, pero pronto optaron por comprar la finca de San Marcos e instalarse allí, aplicando las nuevas formas de cultivo y elaboración aprendidas en Francia. En poco tiempo, sus vinos fueron muy valorados incluso por Casas Reales como las de Alfonso XIII o Juan Carlos I. Otra de las novedades que introducen en el Somontano es el champán a través de las enseñanzas de la familia Moet (Sabio Alcutén, Alberto, Vino de Siglos en el Somontano de Barbastro).
Pero la filoxera, aunque más tarde, también llega al Somontano, que junto con el comienzo de la recuperación de las viñas francesas y el cierre de sus fronteras, se inicia una profunda crisis de decadencia y desesperación que no mejorará hasta la segunda década del S.XX. Muchas viñas fueron arrancadas para plantar otros cultivos. Muchas familias se marcharon de Barbastro y se tuvo que comprar vino de otras zonas, algo impensable hace unos años. Por lo que no quedó más remedio que llevar a cabo un largo proceso de adaptación de los viñedos, nuevas variedades, nuevos cultivos y maquinaria, en definitiva un gran desembolso.
Vivir pa’ ver; y pa’ vivir y pa’ ver…no dejes de beber
(Arnal Cavero, Pedro. Refranes, Dichos, Mazadas…).

