Marta Miguel.
Ya estamos de vuelta!!! Y vamos a continuar hablando del origen del vino, de sus peculiaridades y nuestras experiencias, pero antes quisiera que me permitierais un pequeño paréntesis de autoayuda para todos los que en algún momento hemos pensado o porque no, le hemos hecho, a alguien esta pregunta.
En el artículo anterior nos quedamos hablando de los orígenes del vino, en esta nuestra tierra del Somontano; sin embargo, tras un verano lleno de actividad, tras numerosas fiestas populares, ferias gastronómicas y demás eventos, vuelvo con ilusión para continuar este pequeño espacio en el que disfrutar del vino es lo más importante.
Es una suerte que a día de hoy cada vez más gente quiera aprender a valorar el mundo del vino, porque bien sabemos que con tanto tecnicismo y tantas marcas y tantos procedimientos a la hora de beber vino, muchas veces resulta una tarea difícil. Todo ello, no favorece en muchas ocasiones que nos decantemos por este fantástico zumo de uva fermentado y nos resulte por tanto más fácil pensar en otras bebidas, bien porque nos apetece, bien por costumbre o por temor a equivocarnos.
Al igual que cuando vamos a un lugar de comida rápida y tienes que elegir entre un gran número de opciones, sabores, ingredientes, tamaños, salsas… en el caso de querer una copa de vino, nos suelen ofrecer también varias opciones, que suelen ser blanco, rosado o tinto, fríos o ‘del tiempo’ (eso del tiempo lo comentaremos más adelante), si es tinto joven o con crianza, y si entramos en el mundo de las Categorías o Clasificaciones y Marcas determinadas, aquí ya estamos perdidos del todo.
Por eso siempre es más fácil dejarnos recomendar. En este sentido yo diría que intentemos descubrir y explorar los vinos de cada zona donde estemos. Si somos bebedores de vino ocasional podemos comenzar con blancos, rosados o espumosos cuya potencia en boca es más ligera que los tintos al tener menor concentración de taninos. Pero cuidado, podemos encontrar blancos muy ácidos o blancos y rosados fermentados en barrica con características más especiales y con más potencia en boca de la esperada.
Si nos decantamos por un tinto, aquí la cosa se amplía. Desde los más jóvenes y afrutados hasta los más recios y potentes para los paladares más habituados a estos famosos taninos de la uva, que en estos casos vienen acompañados de los que también les aporta su crianza o su fermentación dentro de una barrica.
Dejando a un lado la edad del vino, también podemos guiarnos a la hora de elegir un vino por el tipo de uva. Aunque cada bodega y cada zona le aportan sus propias particularidades, es un buen comienzo ir probando vinos con determinadas uvas que sabemos que nos han gustado con anterioridad. En este aspecto debemos tener en cuenta si han sido elaborados con una única uva, en cuyo caso los denominaremos Monovarietales o simplemente Varietales, si tienen combinación de varias uvas.
Una vez que nos hayamos decidido, hay que tener en cuenta la copa, la temperatura, el lugar, cómo nos encontramos anímicamente, con qué lo vamos a acompañar, su precio, la compañía… pero esto ya lo dejamos para otro artículo. Eso sí, siempre animándoos a seguir probando y probando y teniendo en cuenta que lo más importante es saber diferenciar entre Me Gusta y No Me Gusta.
«Diéronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer del estado, cualidad, bondad o malicia del vino. El uno lo probó con la punta de la lengua, el otro no hizo más de llegarlo a las narices. El primero dijo que aquel vino sabía a hierro, el segundo dijo que más sabía a cordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia, y que el tal vino no tenía adobo alguno por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán. Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho. Anduvo el tiempo, vendióse el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella una llave pequeña, pendiente de una correa de cordobán.»
Miguel de Cervantes. Diálogo del personaje Sancho Panza, en el capítulo XIII de la Segunda Parte El ingenioso caballero don Quijote de La Mancha.

