La Candelera es una feria con más de 500 años de antigüedad, 513 exactamente, la más antigua de Aragón, que atrae a 300 puestos de venta y gran afluencia de público, lo que hace que tenga múltiples significados y repercusiones. En primer lugar, la feria representa un importante elemento del patrimonio cultural e histórico de la ciudad y ha sido un evento significativo para las generaciones pasadas y presentes, un símbolo de identidad para la comunidad. Desde este punto de vista, es un honor estar a cargo de la organización.
En segundo lugar, la presencia de 300 puestos de venta indica una oportunidad significativa para el comercio local. Esto se traduce en ingresos para los comerciantes, generación de empleo temporal y un impulso a la economía local a través del turismo y la atracción de visitantes de otras ciudades y regiones, lo que ayuda a posicionar la ciudad como un destino cultural y comercial, fomentando el turismo y la visibilidad. Además, la gran afluencia de público es una oportunidad para promover la cohesión social, donde las personas de diferentes orígenes se reúnen para disfrutar de la feria, participando en actividades culturales, gastronómicas y recreativas. En resumen, veo la feria como una gran oportunidad para el desarrollo económico, cultural y social de la ciudad y, por lo tanto, asumo con ilusión esta responsabilidad.


