Las labores de búsqueda del vecino de Mataró Ángel Molina García, de 54 años, que desapareció el domingo por la mañana en Peraltilla, concluyeron ayer sin dejar rastros alentadores sobre su paradero.
El desaparecido no tiene ningún vínculo con esta localidad pero achacado por una fuerte depresión, según explicaron ayer sus sobrinos, decidió acudir hasta Peraltilla el viernes tras abandonar su hogar de Mataró el miércoles dejando su teléfono móvil. Una vez en Peraltilla estuvo viviendo en su coche y deambulando por la localidad.
El domingo por la mañana, avisó a un vecino que se encontraba en el balcón de su domicilio y le comunicó que dejaba su coche abierto y le pedía que comunicara a su familia que recogieran el vehículo. El vecino le preguntó si se encontraba bien y si necesitaba ayuda, a lo que el desaparecido le aseguró que estaba mal pero que no precisaba ayuda. Preocupado, el vecino de Peraltilla se cambió rápidamente y trató de darle alcance pero ya se había perdido su rastro.
En el interior del coche dejó los teléfonos de su mujer e hijos. El vecino de Peraltilla avisó de los hechos a sus familiares directos y ese mismo domingo se inició por la mañana un intenso dispositivo de búsqueda en el que participaron además de su familia, los vecinos, agentes forestales, patrullas de la Guardia Civil de Barbastro.
El dispositivo contó además con un helicóptero de la benemérita que rastreo las inmediaciones de Peraltilla.
También se recorrió el canal, lugar donde en otras ocasiones se han producido tristes sucesos por personas de la localidad, pero no se pudo fondear dado que por las lluvias de estos días atrás el agua tenía mucha turbidez.
Ayer tarde finalizaron las labores de búsqueda. Los sobrinos del desaparecido regresaron ayer a Cataluña después de estar en Peraltilla alojados en dependencias de un vecino desde el domingo.
Los sobrinos achacan la desaparición de Á.G.M. a problemas en el trabajo y en el seno familiar, lo cual le ha originado una situación de estrés y de nerviosismo que le ha llevado a abandonar el hogar y perderse en Peraltilla. «Suponemos que por su trastorno apareció aquí y empezó a dar vueltas por el pueblo. Habló con un vecino el domingo y le dijo que dejaba el coche con las llaves, y en cinco minutos mientras el vecino se cambiaba de ropa para ir tras él, desapareció», explicaba su sobrino José Vílchez.
En el momento de su desaparición, A.G.M. llevaba un pantalón vaquero, camiseta y una chaqueta blanca crema. A.G.M. mide 1,70 y tiene el pelo cano.




