En un intento de frenar la galopante inflación que se está viviendo a nivel internacional, el Banco Central Europeo ha propuesto, durante los últimos años, una serie de subidas de los tipos de interés para ayudar a la economía de los hogares. Tras una serie de medidas progresivas, 2023 cerró con unos tipos fijados en el 4,5% según el BCE, o del 4% para los depósitos.
Cifras que resultan interesantes, pero que van mucho más allá de lo que parecen porque, ¿cómo afectan realmente a nuestro bolsillo? ¿En qué te beneficia a ti como consumidor la subida tipos de interés? Vamos a ahondar en este fenómeno para ver lo que aporta a nuestros ahorros y si, realmente, puede ser algo de lo que beneficiarse.
¿Qué son los tipos de interés exactamente?
Los tipos de interés son lo que cuesta el dinero, la cantidad que se paga a la hora de solicitar un préstamo o el rendimiento que genera una inversión económica. Por ejemplo, si pides un crédito o préstamo a un banco, en este caso el tipo de interés es el pago que tendrás que hacer por haberlo pedido. Sin embargo, el interés ligado a un depósito en un banco es el rendimiento que este genera.
Es un factor que se expresa de forma porcentual, que puede ser fijo o variable y que juega un papel vital en las políticas económicas. Sin ir más lejos, es una de las principales herramientas con las que el Banco Central Europeo trata de controlar tanto la economía como la inflación.
¿Cómo afecta la subida de tipos de interés al consumidor?
Por supuesto, los tipos de interés tienen un impacto directo en los hogares y consumidores. Cuando estos suben, el dinero es más «caro» y eso limita la posibilidad de gasto de la mayoría. Por otra parte, cuando son bajos, el dinero se abarata y los particulares, así como las empresas, lo tienen más fácil para solicitar préstamos a las entidades bancarias y/o financieras.
La subida de tipos de interés ha hecho que, en España, sea más difícil pedir préstamos, ya que las condiciones de financiación se han endurecido. El Euribor, índice que representa el interés de los préstamos interbancarios, terminó 2023 por debajo del 4%, con unas previsiones optimistas de cara a 2024 y 2025, en los que se proyecta que la bajada siga pronunciándose.
¿Qué implica esto? Podemos ver un ejemplo muy claro en las hipotecas. Cuando las entidades bancarias hacen las revisiones de los tipos de interés de estos préstamos, las cuotas o pagar suben o bajan de forma acorde a estos. A lo largo de 2022 y 2023 se han registrado subidas que, en algunos casos, han llegado a suponer el pago de unas cuotas hipotecarias que han duplicado su valor, con lo que esto implica para los ahorros de las familias.
Préstamos más caros, hipotecas más elevadas y, por tanto, menos capacidad para ahorrar dinero en los hogares. Esa es la principal clave de la subida de tipos. Por otra parte, cuando estos bajan, las familias tienen más facilidades para rentabilizar sus ahorros y su poder adquisitivo puede llegar a elevarse. Parece un mecanismo que dificulta las cosas, pero se emplea principalmente para controlar la inflación y hacer que esta baje, y parece que lo está consiguiendo.
¿Cómo afecta la subida de los tipos de interés a la economía general?
La subida de los tipos de interés tiene un claro impacto en la economía general. Como ya hemos mencionado, es un mecanismo que principalmente se usa para controlar la inflación, pero que debe emplearse con cuidado. Una subida pronunciada y prolongada acelera enormemente el crecimiento económico de un país, ya que reduce la posibilidad de gasto y dificulta el acceso a productos financieros.
Por otra parte, la bajada consigue el efecto contrario. El dinero se vuelve más «barato» y, por lo tanto, tanto las empresas como los hogares pueden gastar más. Esto es algo que puede provocar un aumento del crecimiento económico de un país, pero, si no se vigila con cuidado, también puede reforzar la presencia de la inflación.
Aunque hay factores externos que pueden provocar una fuerte inflación y, por tanto, devaluación del dinero que utilizamos, la subida de los tipos es una figura que siempre está presente como recurso para contraatacar. Es una herramienta que reduce la capacidad de consumo, pero por otra parte suele conseguir una disminución de la inflación.
Las dos caras de una moneda que hemos visto girar con mucha fuerza en los últimos años, sobre todo tras una serie de conflictos bélicos y una pandemia que hizo la vida mucho más difícil al mundo entero. Queda por ver cómo avanza la economía tanto doméstica como nacional y europea de cara a los próximos años, aunque las primeras previsiones son bastante alentadoras.


