Cuando el rio que nos lleva lo trajo a la ciudad del Vero ya llevaba a sus espaldas un largo y tortuoso camino. Le gusta que lo identifiquen por su gentilicio lo covarxí, pues nació en Les Coves de Vinromá (Castellón), a dos pasos del Barranco de la Valltorta -catedral de la pintura rupestre levantina–. Si su orografía es una sugerente encrucijada para quienes gozan y sufren el don de la creatividad, no lo era menos el entorno humano ya que Les Coves seguía estando de actualidad por las apariciones de la Virgen de 1947 contadas en la película de Berlanga: Los jueves, milagro. Dos años después, hijo de un maestro y una labradora –que iban a estar muy presentes en su obra artística– nacía un xiquet que pronto destacó por su vis creativa. Le pusieron por nombre Tomás.
Cuando ya no tenían paredes para colgarlos, sus padres decidieron obsequiar a amigos y familiares con los cuadros que pintaba aquel xiquet, que ya apuntaba maneras de artista. Estos días han estado muy ocupados con Gloria, su compañera, en volver a reunir esos cuadros en una exposición de su obra juvenil.
En 1965 ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona donde estudió con aprovechamiento las técnicas de pintura, dibujo y escultura. A partir de entonces, se amontonaron becas y premios en los más diversos lugares de nuestra geografía. En 1969 se trasladó a Valls para trabajar en la Fundición Artística de Bronce Ramón Vilá donde aprendió de primera mano la técnica de la fundición a la cera perdida.
Conoció personalmente al gran Rudolf Nuréyev, del que hizo una escultura que puede contemplarse en su museico de Les Coves. Sus obras de mayor tamaño las donó a su pueblo natal y se exponen en el museo que lleva su nombre. En Lanzarote colaboró estrechamente con Cesar Manrique y en todos los lugares por los que pasó –y son muchos– puede seguirse un rastro de esculturas y prestigiosos premios, entre los que remarcamos:
–en 1972, Medalla de Oro Julio Antonio en la III Bienal de Arte de Tarragona (la obra premiada se expone en el Museo de Arte Moderno de Tarragona).
–en 1970, Premio de Escultura en la XIX Exposición de Otoño de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla.
–en 1982, XIII Premio san Jorge de Aragón, de escultura.
Pero, centrémonos en Barbastro, donde en 1999 contrae matrimonio con Divina Buil Cheliz y fija su residencia en Barbastro. Entonces era profesor de dibujo del instituto José Mor de Fuentes de Monzón.
En 2005 yo me encontraba acariciando el sueño de Belaín, el dragón de Barbastro. Había encontrado un documento que hablaba de gigantes, cabezudos… y un dragón, formando parte del cortejo festivo de Barbastro, en 1746. El Siège de Barbastre me descubrió una serpiente voladora que custodiaba la cárcel de los moros. Aparecía con tres nombres: Beelas, Belinais y Belaín. Sin dudarlo me decidí por el tercero. Había sido mantenedor de las Fiestas de 2003 y encontré en Santiago Lisa a un cómplice necesario, que apoyó incondicionalmente la idea. Belaín tenía que re-nacer en Barbastro y Tomás era la persona más indicada para ello. Cuando quedamos en un café de Barcelona ya vino cargado de bocetos y dibujos: el proyecto empezaba a tomar forma.
En el primer encuentro en Barbastro estaba esculpiendo las esculturas de la fachada de la Parroquia de san Francisco. Otro día nos citamos en el taller de Ismael Angulo donde, gubia y mazo en mano sudaba la gota gorda tallando la imagen policromada y puntillista del Beato Florentino… Pero eso no era obstáculo para que, mientras tanto, en unos bajos de la calle Cotiella, entre focos y sombras, Belaín empezara a despertar.

Aquel san Ramón celebramos el anticipo del regreso de Belaín con una gran fiesta en la Plaza del Mercado. Dentro de un huevo superlativo, aguardaba a las fiestas de septiembre para ver la luz. Muchas han sido las anécdotas que tendrán que esperar a ser contadas.
Bautizado en la plaza de la Candelera –cuna de la Corona de Aragón–, los Gaiteros del Somontano estrenaban el Baile de Belaín y arrancaban un animado y concurrido pasacalles que concluiría en una Plaza del Mercado abarrotada de público infantil. Al día siguiente, la Cabalgata del Pregón sería la confirmación de su regreso. ¡Tomás no cabía en sí de gozo!
También ilustró El regreso de Belaín, el dragón de Barbastro. un precioso cuento con letra de Manuel Domínguez, de la Ronda de Boltaña en el que un abuelo y su nieto, paseando por lugares emblemáticos de Barbastro y hablan de la vida.
Ya han pasado veinte años y Belaín se ha convertido en un icono de Barbastro. Por méritos propios, cada vez goza de mayor arraigo desde que los niños y sus madres lo han convertido en oficiante y depositario del adiós al chupete, un rito de paso muy importante para los niños barbastrenses.

El último día de su estancia en Barbastro le acompañé a entregar en el Ayuntamiento la figura de un nuevo cabezudo, el Barbas, que representa la enigmática cabeza del escudo de Barbastro. Desde entonces ha formado parte de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Barbastro, junto a su hermano de padre, Belaín.
Lo último han sido las dos esculturas de bronce que representan a los hermanos Argensola. Desde su en-clave pueden verse el palacio renacentista y la nueva Biblioteca Pública Hermanos Argensola que se está habilitando en los antiguos Almacenes de san Pedro.
Como remate de esta fecunda relación con Barbastro, decir que es el autor de la imagen de Bruno Fierro Brualla, o cura de Saravillo; un barbastrense inmortalizado por José Llampayas y La Ronda de Boltaña: una mano en a bragueta y otra en o pochón –que cambia por porrón–.

Tomás ha sido para Barbastro un lujo de talento creativo y generosidad y tiene más que merecido el homenaje que, ¡por unanimidad! ha decidido hacerle el consistorio. Estoy convencido de que representa el sentir de todos los barbastrenses: los que gozamos del privilegio de conocerlo y los que, a través de sus obras, lo van a conocer.
Gracias, amigo, gracias, maestro. Confío en que, esta vez, sepamos estar a tu altura.


