Desde tiempos inmemoriales, el rito de besar la tierra viene constituyendo un signo de comunión profunda con la naturaleza, que brinda el sustento para la vida. Tras el final de un largo viaje, existía la costumbre de besar el suelo que se pisaba por primera vez, en señal de gratitud por la acogida, y como expresión de humildad y respeto hacia el nuevo lugar.
La vinculación de la tierra con la madre, el hogar, el nacimiento y las raíces, dota al gesto que aún hacen ciertas personalidades públicas de una significación rotunda y emotiva.
El término destierro, por eso mismo, se ha entendido siempre como acto de violencia o castigo, pues supone la orden de alejamiento del lugar sentido como propio por mandato de quien detenta el poder legal para determinarlo así. El destierro se impone como pena de expulsión y, por consiguiente, se diferencia del exilio en que este último, a pesar de experimentarse como algo forzoso y no elegido, es fruto de la voluntad de la persona que, de modo preventivo, prefiere alejarse para evitar males mayores, incluso la muerte: tal es el caso de quienes se marchan por razones ideológicas, religiosas o políticas.
Ni los desterrados ni los exiliados suelen estar conformes con su situación, antes bien, suelen pasar sus vidas anhelando el momento del regreso, la restitución del hogar perdido.
Sin embargo, existe un tercer término perteneciente al mismo campo semántico que, sobre todo a partir del particular sentido que le diera el filósofo español José Gaos, aporta un nuevo matiz: transtierro.
La RAE no incluye tal sustantivo en su Diccionario, aunque sí el verbo correspondiente, transterrar[1] (o trasterrar), y por lo tanto tenemos que dar por bueno que su origen fue el acuñado por Gaos[2], tras su destitución por el régimen franquista y emigración forzosa a México, durante una cena de profesores universitarios en aquel país, con un «sentido muy original», en palabras de Paulo Córdoba: «Primero porque logra conjugar tanto un prefijo como un sufijo que nunca antes habían sido juntados para crear un término específico. Segundo porque el término mismo ajusta su significado a partir de sus partes agrupadas: trans = transportarse y tierro = tierra, esto es, transportarse de una tierra a otra»[3].
La tierra que te acogió, por un periodo corto que sentiste tan largo, ahora transterrada por ti en ese frasquito de cristal que hallará su acomodo en una vitrina, junto a otros botecitos con arenas de muchas playas, será la que yo bese cuando regreses a casa, como beso tus manos o tu frente, con respeto por toda la nostalgia que impregna cada uno de sus minúsculos granos, honrando en silencio, en esa arena transterrada, cada uno de tus días de añoranza, cada uno de tus días de alegría y cada pensamiento de esperanza proyectado en la ilusión del nuevo encuentro.
Besaré y honraré tus días de transtierro.
[1] Tb. trasterrar. De trans- y tierra.1 tr. Expulsar a alguien de un territorio, generalmente por motivos políticos. U. t. c. prnl.
[2] Véease Gaos, José: “Confesiones de un Transterrado”.
[3] Véase Córdoba, Paulo: https://revistas.uned.es/index.php/endoxa/article/view/26140/30454
DOI: https://doi.org/10.5944/endoxa.49.2022.26140


