La plaza del Mercado de Barbastro se convirtió ayer al mediodía en el mayor obrador posible para elaborar y repartir unos 12.000 crespillos, postre típico del Somontano y de otras comarcas aragonesas vinculado con la economía del medio rural.
Cientos de personas abarrotaron este céntrico enclave barbastrense para disfrutar de una fiesta que entronca estrechamente con la llegada de la primavera y con la ‘consagración’ de la agricultura como sistema de subsistencia de la gente de antaño. Una fiesta que dignifica la labor del hortelano, del olivarero, pero también de las amas de casa que al llegar la fecha de la Virgen de la Encarnación (25 de marzo) elaboraban estos populares, dulces y sabrosos postres para de forma ritual conseguir «que se empreñen las oliveras», como se dice en estos lares para conseguir en invierno una buena producción de aceite.
La Fiesta del Crespillo fue un invento de la asociación Tradiciones de Barbastro que hace veintiún años convirtió una práctica habitual de muchos hogares del Somontano en una celebración popular para exaltar una verdura tan aragonesa y sabrosa como la borraja. Una práctica que habla de cómo era la economía del medio rural de antaño en la que todo se aprovechaba. Las hojas de la borraja, desechadas en la cocina, se convirtieron en un manjar al rebozarla con una masa dulce y frita en aceite de oliva con sabor a anís.
Desde hace más de dos décadas la asociación cultural Tradiciones decidió instalar unos hornillos en los porches de la plaza del Mercado para elaborar este postre ritual y simbólico, pero también calórico. La iniciativa fue adquiriendo auge e involucrando a varios colectivo de la ciudad que decidieron sacar sus propios hornillos para cocinar crespillos. Agrupaciones de la comarca y hasta los propios hosteleros –que ayer volvían después de un paréntesis de varios años por circunstancias profesionales- se pusieron el delantal negro para preparar este manjar que fue degustado con buen vino macabeo y al son de los Dulzaineros del Somontano en una cálida mañana.
Desde hace unos años esta celebración ha traspasado fronteras comarcales y muchos son los que acuden de varías localidades aragonesas y de otras comunidades para comerse un crespillo en una mañana dominical previa a la llegada de la primavera. Por ello desde el grupo Tradiciones y desde el Ayuntamiento se ha propuesto al Gobierno de Aragón la solicitud de declarar esta fiesta como de interés turístico regional.
Un aval importante lo aportará la Cofradía de la Borraja y del Crespillo de Aragón creada hace tres años en el marco de esta fiesta, por varios gastrónomos y amantes de esta verdura autóctona de la ribera del Ebro. Su presidente, Ángel González, aseguraba ayer que es una «obligación participar en esta fiesta que es la más importante de España. Vamos a apoyar esta solicitud porque esta fiesta es más de lo que aquí se ve, es tradición, costumbre, historia. Las fiestas tienen valor por lo que representan más que por la propia fiesta en sí».





