Competencia desleal
(por Virginia Hidalgo)
Son las 12 de la noche, aún no he podido pegar ojo, al echar la vista atrás vivo como un sueño todo lo que ha ocurrido y pasa por delate de mis ojos sin poder creerlo, sin querer creerlo.
Hoy iba ser un día normal, aburrido como de costumbre, hasta que entré en casa. Venía de tomar un café con mi amiga Sara que prometía ser largo, tenía
que contarme los detalles de su última cita.
La cita quedó en nada ya que Sara recibió una llamada de su madre y tuvo que irse a casa, yo en el fondo me alegré, así tendría más tiempo para estar con Isaías, últimamente nos veíamos poco y la relación parecía haberse enfriado.
Es lo normal en una relación de tanto tiempo – decía mi madre.
Abrí la puerta con mucho cuidado, quería darle una sorpresa, estaría en el ordenador trabajando como siempre.
Me acerqué con sigilo hacia el despacho, pero no había nadie, seguí caminando hacia la habitación con sumo cuidado y empecé abrir la puerta empujándola despacio.
Fue en ese mismo momento cuando el mundo se me vino abajo…
Nunca pensé que eso iba a ocurrir, ni mi mente a veces retorcida lo había llegado a vislumbrar, pero allí estaba él, leyendo un ejemplar de » Ragazza», mi gran competencia.
¿Por qué no leía un ejemplar de People? Al fin al cabo los dos vivíamos de las colaboraciones que tenía en la revista.
Pero lo que más me dolió fue que poco después confesó que lo había comprado .
Me sentí traicionada y menospreciada, cómo podía mi marido venderse a la competencia.





