
Montoliu es un pequeño pueblo, cercano a Lérida, que se asienta sobre una pequeña elevación al costado del canal de Serós. Tiene 500 habitantes y su ayuntamiento, presidido por un republicano independentista, acordó dedicar una calle al 9 N. Al parecer cuando lo supo Arturo Más se apuntó al acto, haciéndose acompañar de los otros tres cargos que, junto a él, están imputados por organizar aquella consulta ilegal.
Como Montoliu me queda cerca quise asistir al acto, pues creo que el “proses” tiene unos acontecimientos, anécdotas y vivencias que no debemos perdérnoslas por aquello de que la Historia mejor que la veas a que te la cuenten. Y sucedió el sábado 19 de noviembre.
La mañana era soleada, templada y aparqué en una calle que, por el exterior del pueblo, conduce al Ayuntamiento; empinada y nueva. A su alrededor hay solares abandonados llenos de matorrales, y feos medianiles que producen mala impresión, que miran hacia Lérida, a lo lejos. Al encaminarme a la plaza me topo con el primer vecino: un melenudo de pelo rizado, grasiento, y largo hasta los hombros, a quien hecho más de 70 años. En los años 70 pudo tener su época de gloria, pero ahora está aquejado de artrosis y reúmas a la vista de la dificultad para andar y su empeño en no llevar bastones. Corren tiempos donde los ancianos pueden ser melenudos.

En la plaza hay poca gente y faltan 20 minutos para el acto; en el centro, frente a la fachada del Ayuntamiento, un grupo de unas diez personas departen entre sí, y parecen conocerse; hay abrumadora presencia de grises y negros, gafas de diseño italiano y cuerpos cuidados; presumo que son políticos cuya ganadería no distingo: habrá diputados provinciales, algún senador, diputados regionales…
En la plaza hay 4 banderas catalanas, ninguna con la estelada. No es plana, se levanta algo en su perímetro y es allí donde se han situado los pocos vecinos. Me acerco a ellos porque en un nivel elevado se aprecian mejor las cosas. La gente no grita para hablar, en eso son educados, cosa que agradezco. En un cercano coloquio de mujeres, en catalán, una afirma “yo no sé quién es el obispo”, que fue la primera frase que oí. Me extrañó que el obispo se prestara a un acto así, pero pensé que todo podía pasar… Pero no vino. No tardó en llegar el melenudo septuagenario que agotado se sentó junto a nosotros para apuntar que veía muchos forasteros. En aquel momento no pasábamos de cien personas.
Una pareja de periodistas de Radio Nacional y RTVE, había aparcado el coche en un extremo y con una pesada cámara preguntaron dónde estaba la calle 9N; braceando les indican la dirección. Poco a poco se va llenando la plaza y del ayuntamiento sale una chica joven, algo gordita y escotada, para decir al grupo de mujeres que está muy nerviosa. Y tras unos breves comentarios volvió de nuevo al Ayuntamiento. Efectivamente me pareció algo nerviosa y quizás era una concejala.

Al cabo de un rato el coche de RNE salió de la plaza con aquellos periodistas dentro y me pregunté qué tipo de noticia iban a dar si abandonan el lugar antes de que empiece el acontecimiento… Ya no los volví a ver. Llevaban la cámara más gorda de todas.
Y a eso de las 12 y media llegó el coche de Arturo Más, acompañado del resto de imputados (Francisco Homs, Rigau y Ortega) Más lucía impecable: levanta la barbilla como un senador romano, y sonríe con un rictus fijo donde una mitad parece impostada y la otra adquirida por la costumbre. No es muy alto.
- “Aixo es un president bien pincho”, dijo la mujer que antes había dicho no conocer al obispo.
- “Y tant, y tant” respondieron las amigas.
En la plaza habría entonces unas 250 personas y Más (tras saludar a los conocidos del centro de la plaza) se acercó calmadamente a los vecinos para saludarles. Tiene tablas. Con los niños parece jugar: les anima a dar palmotadas “¡chócala!” les dice, al modo de los jugadores de la NBA. Eso a los niños les encanta.
Luego entraron en el ayuntamiento pero los vecinos prefirieron quedarse fuera; yo quise entrar y al mezclarme entre el sector de la política profesional me vi envuelto en una atmósfera de murmullos, que reflejaban tramas, conspiraciones y análisis de las cosas: “Están pillats…” “Pero si hacemos mucha oposición a los socialistas luego dirán de nosotros que…” “Hemos de hacer una oposición bestial…”

Yo subí con ellos hasta la puerta del despacho del Alcalde donde Mas y la consejera de Medio Ambiente iban a firmar en el libro de la ciudad. El despacho es pequeño, novísimo, recién pintado, y sin apenas mobiliario: la bandera catalana, una mesa y una silla. En frente un cuadro que no pude ver de quién era.
Me quedé en la puerta junto a los intrigantes que en la pequeña antesala no paraban de cuchichear. Francisco Homs había quedado rezagado, llegó a la antesala, y saludó a los presentes , a quienes parecía conocer, y pareció extrañarse de mí: yo no le saludé porque tenía las dos manos en la mochileta sacando el iPad para hacer fotos.
En el libro oficial Mas escribió una pequeña frase que se refiere a los otros encausados por el 9N, con alusiones a la libertad y la democracia catalanas. Muchas cámaras graban y fotografían la página. Al acabar lee el escrito en voz alta y las escasas quince personas que caben dentro aplauden; los de la antesala (“están pillats..” etc) no hacen caso porque no son vistos.
Ahora le toca el turno a la Consejera de Medio Ambiente, que es una mujer que en su día fue guapa, y que conserva algo de lo que tuvo. Pero ha llegado a esa edad donde el crecimiento es a lo ancho, como evidencia, por atrás, su bonito abrigo de punto. La Consejera escribe en el libro de honor muy lentamente; piensa las palabras, hace pausas, reflexiona y parece dispuesta a escribir todo el folio. La observo frente a mí, y su cara refleja estar afectada como por un situación de “gravedad histórica”. Algo muy importante pero que no acaba de encuadrar ni delimitar…; algo muy emocional. Esa importancia la fuerza a meditar mucho lo que va a escribir para hacerlo bien, con las palabras adecuadas. Así escribía José Pla.

El tiempo que se toma la consejera empieza a resultar largo y los de su alrededor (los encausados) optan por distenderse y departir entre sí . Por fin acaba la página , firma y nos la lee; alude a la libertad, la democracia, la justicia, y la sostenibilidad como esperanza para una pronta república catalana. Aplausos y vuelta para la plaza.
Al bajar las escaleras tengo por delante a Frances Homs, que parece preocupado por indicarme con gestos que las escaleras tienen saltos irregulares. Quizás piensa que soy un extranjero.
En la plaza hay más gente que antes, unos trescientos. Uno lleva barretina y su imagen es tan grotesca que le hago una foto antes de unirme a la comitiva, guiada por el alcalde.
El alcalde es un hombre que pasa de los sesenta, con cara de buena persona, y con aspecto rústico; de piel oscura, quemada por el Sol de estos campos de fruta, bien podados y trabajados. Para tan solemne ocasión se ha hecho con un traje con corbata que lleva con resignación. Menos mal que no es verano. A su lado Mas luce el traje como un milanés, enguantado, y grácil.
La columna se dirige hacia lo alto del pueblo con muchas cámaras filmando el acontecimiento; en lo alto evado mi mente: a lo lejos Lérida, a unos 7 km, y Fraga a otros tantos, con el canal de Serós a mis pies… Recordé que, en la guerra civil, el Campesino anduvo por estos costados del canal a caballo, de un sitio para otro, pistola en alto dando órdenes (pese a no saber leer ni escribir, según Lister) Y me acordé también de Eusebio Satué en cuyas memorias de guerra, dice que por el canal de Serós anduvo antes de rendirse, y que en el edificio de la hidroeléctrica La Canadiense robaron unas bragas de mujer que estaban tendidas al sol para ponérselas, pues sus calzoncillos ya no servían para nada…

En eso andaba cuando la comitiva vino hacia mí: a mi izquierda, pegado, se puso Homs; a continuación Mas, y luego el Alcalde que nos explicó a los tres lo que se veía. Accidentalmente se había roto el orden de la columna: primero Más y los encausados con el Alcalde; detrás una segunda fila de políticos acompañantes de segundo nivel, y, por último, la gente. No debe traspasarse la segunda fila de políticos que, a modo de escudo, separa la élite del pueblo llano. Yo tampoco quise hacerlo, simplemente vinieron donde yo estaba.
Luego, camino de vuelta, la comitiva pasó junto al parque infantil, con dibujos nacionalistas, donde unos ancianos descansaban en un banco. Más se acercó amablemente y les ofreció la mano con un educado “no se levanten”.
– “Para levantarnos estamos. Ya ve, somos la juventud del pueblo…” Pero Más hizo un canto a su edad y prosiguió la marcha. Mas anda de manera majestuosa, tieso, con el paso firme y seguro que corresponde al líder que ha decidido conducir a un colectivo hacia la tierra prometida. En un cruce de calles un anciano con boina es presentado a Más y hablan entre sí, con la atenta mirada de la consejera. Mas le pregunta la edad y al saberla le dice “Entonces usted nació en el año 12” El hombre pone cara de impacto y dice que no, y Más rectifica y dice que en el 22. La Consejera, atenta a la conversación, tampoco sacó del error a Más..
La comitiva pasa por delante de un antiguo almacén de abonos; “ Abonos Fertiberia” y por las calles hay algunas banderas catalanas y muy pocas esteladas.
Por fin llegamos a la calle del 9N, donde muchas cámaras de la tele esperan acontecimientos. Los de RNE no están, se conoce que solo querían grabar la placa, y marcharse.

La calle del 9N es corta, unos 50 m. y bastante ancha, más de 10. Muy empinada, yo creo que tiene un 15% de pendiente. Un poco más allá del comienzo, a unos 8 metros, un hombre con barretina porta un esperpéntico collage de grandes banderas que cuelgan como cortinas, donde aparecen la palabra independencia junto a otras en chino y judío. Hay fotos de los encausados y banderas de europa donde en el centro está la fotografía de la presidenta de la Asamblea Nacional de Cataluña, rodeada de estrellas. Abajo fotos de los encausados. El pobre hombre estuvo así toda la ceremonia, en una postura incomodísima, y que le ha debido provocar algún pinzamiento vertebral, porque el peso de tamañas banderas le vencía. Y como tenían forma de cortina, y el elástico mástil de aluminio medía más de 8 metros, la mitad en horizontal, pienso que lo usaron a modo de pantalla para que no se viera bien la calle en las fotos. ¿Qué había que ocultar? Una gran peña al fondo de unos 10 metros de alta, con su correspondiente ladera; y como la ladera arrastraba tierras habían hecho un muro para contener los arrastres. La calle 9N acaba en un muro y es muy empinada. “Cul de sac” en catalán. Calle del saco por aquí.
Por ese motivo algunos medios de comunicación (también catalanes) hicieran mofa de que se le llamara 9N a una calle en pendiente y sin salida. El alcalde, azorado, en una entrevista a la radio dijo que había una explicación y el periodista le pidió que la contara; pero dijo que la explicación la daría el sábado, en el acto oficial. “¿No sería que no había más calles?” inquirió el periodista -‘”També” dijo el alcalde.
El concejal del PP ya avisó en la radio de que no iría al acto “¿Por qué?” pregunto el periodista. – “Iré de compras” – ¿”Al Corte Inglés”? – ”No, al Mercadona”
El prosés tiene unas connotaciones hilarantes que conviene percibir.
Tras el corrimiento de la bandera que tapaba el cartel (sujetada con velcro sobre un trozo de madera que ahí quedó) el Alcalde hizo un discurso de 6 folios escritos a mano. Y dio la explicación a la metáfora de la calle: el muro representa la intransigencia de Madrid (“y de algunos que están aquí dentro” añadió); las cuatro caras de la calle representan cada una de las provincias de Cataluña (considerando como cara la de la calle de enfrente, donde empieza la del 9N en forma de T). Y la pendiente es para que nosotros os veamos mejor y vosotros nos veáis mejor. El hombre, republicano e independentista, había pasado la barca como pudo y percibimos algo entrañable en su mediocridad. Añadió que aquel 9N “se notaba en el aire que la gente quería votar”. Y acabó con loas a la república catalana. Aplausos y comprensión de los vecinos a su querido alcalde.
Luego llegó el turno de Más, para quien el muro tenía otro significado: es para que no entren los enemigos de Cataluña; y el trozo de calle abierto para que salgamos en libertad. Tras esa introducción su discurso fue sobretodo maniqueísta; ellos y nosotros, buenos y malos, libertad frente a sometimiento… Blanco y negro, blanco y negro… Tiene tablas, son muchos años.
-“El 9N es el mayor desafío de Cataluña al Estado de los últimos siglos… ¡y lo hemos ganado! Los desafíos si se hacen es para ganarlos. Los catalanes sabemos cómo hacerlo”
Agradeció la presencia de los representantes de Omniun Cultural y Asamblea Nacional de Cataluña, señalándoles por entre el público, unas 200 personas. Eran dos que en la comitiva paseante no paraban de tramar a solas… Uno de ellos (feote, con la cara afectada en su día de Viruela) se emocionó con el agradecimiento de Mas; los ojos le brillaron y siguió el resto del discurso asintiendo con la cabeza todas las afirmaciones del expresident. ¡Qué fácil es contentar a un nacionalista! ¡Cuánta emoción hay en todo esto!
La idea “ellos versus nosotros” se reiteró en el mensaje. Es una idea típicamente fascista. Si leyeran a su paisano Eugenio Xammar, y sus “Crónicas de Berlín” sabrían a qué me refiero. ¿Conocen a Xammar, y a su amigo José Pla? ¿Qué pensarían de estas cosas?
Arturo Más dijo también que había que luchar contra ellos con inteligencia y astucia, como David contra Goliat. Nada de hacer como los “milhomes” (sabelotodos) ni chulos: en ese terreno “ellos nos ganan” Me sentí aludido: ¿acaso soy un milhome? ¿y un chulo?
Me preguntaba por qué este sujeto puede dedicarse a lanzar esas soflamas disolventes, con las razones que hubo en su día para callarle para siempre cuando aparecieron aquellos millones escondidos a nombre de su padre en Leichtenstein. Entonces la ministra Elena Salgado tapó el asunto… para no crispar.
Las palabras de Mas tenían su efecto y los asistentes habían cambiado de rictus que ahora era grave y circunspecto:
“Contra las urnas catalanas han sacado su código penal y podrán inhabilitarnos a los cuatro pero jamás podrán inhabilitar la voluntad del pueblo de Cataluña.”
Aplausos de gente cariacontecida y emocionada por tanta injusticia denunciada. Mostraban su solidaridad hacia las víctimas del Estado opresor.
Seriedad y reflexión en la gente. La jornada que había comenzado alegre y festivalera habíase tornado trascendente..
La consejera de Medio Ambiente cerró los discursos con otro, donde insistió en la democracia, la justicia, y “la revolución de las sonrisas”; finalizó diciendo que como Montoliu es un colectivo agrario, el sector agrícola es estratégico para alcanzar la república de Cataluña. De nuevo, como hiciera en el libro de Honor, relacionó la república catalana con la sostenibilidad, y acabó con loas a esa republica.
El proceso de independencia tiene como formas el buen rollito, la alegría y la sonrisa. Nada de cabreos ni enfados. Aderécese con mucho victimismo. Y como armazones más citados la democracia y la sostenibilidad.
Finalizados los discursos el hombre de la barretina se situó detrás de los políticos, puso la mano diestra en el lateral de la boca y levantando la cabeza al Cielo gritó con fuerza “¡ independencia!”, que fue recibido con algo de risas y contemplaciones por parte de los congregados. Pero aquel grito tuvo su efecto, porque todo volvió a la normalidad.
Al volver al coche me encontré de nuevo con el melenudo de pelo rizado hasta los hombros, justo en el mismo sitio que al principio, pero ahora andaba más jodido. –“Adiós, buenos días” le dije –“Adeu” me contestó algo extrañado.



