El pasado 8 de marzo de 2018 fue revolucionario. España se hacía eco de la Huelga Internacional de Mujeres y se abría un campo de debate que propone al feminismo como alternativa política al neoliberalismo rampante que solo defiende los derechos de unos pocos.
La respuesta no se ha hecho esperar, estos pocos que suelen ser hombres, blancos, heterosexuales y ricos defienden con uñas y dientes el status quo y sus privilegios en él. Sacan autobuses a la calle y pintan en ellos la cara de Hitler pretendiendo disuadir de la defensa de los derechos de las mujeres. Considerando que las mujeres somos menos personas o no lo somos en absoluto y atentando contra nuestra inteligencia y los datos, la información y el conocimiento.
Pero el feminismo ya ha calado y empieza a ser un mensaje que se extiende. Un mensaje igualitario, de todas: jubiladas, bolleras, transexuales, migrantes, gitanas, ecologistas, estudiantes, nuevas masculinidades y más, y más, hasta el 99%. Se nota en la forma de hacer periodismo y también en las conversaciones tomando unos vinos, se nota en la forma de vestirnos y de apoyarnos, hay sororidad** en el aire. Un nuevo sentido común, cooperativo, horizontal, no violento, ecologista, igualitario, pacifista y social que se hace día a día, escuchándonos, dialogando, construyéndonos y deconstruyéndonos juntas y que no es solo de las mujeres sino de las personas que queremos construir un mundo para todas, desde y con la pluralidad, en común.
El feminismo reclama el derecho de las mujeres a cobrar lo mismo por el mismo trabajo, a poder salir a la calle por la noche y por el día, sin miedo y sin tener que escuchar mensajes obscenos sobre su cuerpo, como si solo fuéramos un cuerpo destinado al deseo de “otros”. El derecho a la diversión y el ocio en igualdad. El derecho a prosperar, a estudiar y a ser valoradas con las mismas oportunidades, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y a que la medicina también tenga en cuenta nuestros síntomas, sin prejuicios…Pero no es sólo una cuestión de derechos individuales de las personas leídas como mujeres… es también una cuestión social, de una sociedad que quiere construirse con el cuidado de la vida en el centro, que quiere darle la importancia que merece al cuidado de la infancia, de la vejez, de la enfermedad y del entorno, de la naturaleza y los seres con los que convivimos. Queremos redefinir qué es la vida que merece ser vivida y hacerla posible para cualquiera, no solo para unos pocos… queremos un planeta y una justicia para todas las personas.
Por eso es tan importante esta huelga, esta huelga del 8M que redefine los límites de lo laboral y lo personal, porque a partir de ahora ya no podremos hablar de huelga general sin incluir la huelga de cuidados. Porque estamos haciéndonos, como movimiento, como alternativa, como personas y como colectivos y para ello nos reunimos en asambleas y decidimos. No seguimos instrucciones sino que nos construimos juntas contra este sistema heteropatriarcal, racista y biocida.
El próximo 8 de marzo volvemos a ir a la huelga, porque este sistema es injusto, insostenible y no es el futuro que queremos, por eso vamos a construir un presente que nos guste, juntas, en común. Tenemos cuatro formas de sumarnos a la protesta: con la huelga laboral (que puede ser de toda la jornada o el paro de dos horas), de estudiantes, de cuidados y de consumo (que es muy importante y permite que todas, aunque decidamos ir a trabajar, podamos contribuir).
¿Y cómo apoyamos los hombres?, pues en primer lugar, como decidas, se trata de que pienses en cómo puedes contribuir al éxito de la huelga y a tu propia transformación individual… puedes cuidar ese día, a los niños de los vecinos, a tus sobrinos, hijos o padres, puedes ir a trabajar y allí visibilizar el trabajo y la lucha de tus compañeras, puedes decidir porque también es tu día de lucha, de transformación y también estás invitado a construir…no como líder, no dominando el discurso, sino codo con codo, como compañero que se sabe en construcción en un mundo por construir. En segundo lugar, escucha, reúnete con las personas de tu entorno y decide conjuntamente cuál es la mejor forma de protestar, manifestar, construir, gestar el cambio, este camino no es individual sino relacional.
Somos muchas personas, estamos por todas partes y estamos dispuestas a responsabilizarnos de este proyecto común por una sociedad mejor, la revolución está aquí y será feminista, internacional, ecologista, pacífica y plural… y para el 99%. A la huelga compañeras.
*VVAA: Un feminismo del 99%. Con prólogo de Nancy Fraser. Editorial Lengua de Trapo. 2018.
Manifiesto para el 99% Nancy Fraser, Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya. Herder. 2019.
**Sororidad: solidaridad, amistad, complicidad entre mujeres en un sistema patriarcal, procede de la palabra soeur que es “hermana” en francés.

