Hace unos días un grupo de maestros y maestras que habíamos pasado por las aulas del viejo Colegio Pedro I, hicimos una visita de despedida al edificio que va a ser demolido para la construcción del nuevo Centro de Salud.
Fue un momento agridulce en el que se mezclaron sentimientos muy diversos. A finales de junio del año 2010, con las vacaciones de verano, decíamos adiós a aquellas instalaciones para comenzar el siguiente curso en el nuevo colegio. Desde entonces el edificio, casi abandonado, ha albergado algunas actividades en una zona restringida salvada del deterioro que ocasiona el paso del tiempo.
Era una mañana fría, y en cuanto entramos fuimos rememorando en cada espacio momentos que allí habíamos vivido. En alguna pizarra todavía estaba escrita la fecha del último día de clase, 22 de junio de aquel año. Quedaba algún calendario, hojas, dibujos, gráficos y carteles que plasmaban lo que hacíamos en aquellos días.
Volvimos a escuchar, casi asustados, la sirena y el timbre que marcaba los tiempos de recreos y clases, que todavía funcionaban. Sí, fue un momento agridulce porque recordábamos la ilusión que sentimos en el momento de estrenar un nuevo colegio con los espacios que nos faltaban, pero ahora venían a nuestra memoria todo lo que habíamos dejado entre aquellas paredes. Cada rincón que recorrimos evocaba momentos agradables. Y es que allí habíamos pasado unos años de trabajo que vivimos con ilusión y alegría. Éramos un grupo de profesores en el que reinaba el entusiasmo y un sano compañerismo, lo que nos permitía realizar actividades que marcaron unas señas de identidad que distinguían al Pedro I.
A ello se sumaba el hecho de que familias y alumnado, sintieran orgullo de pertenecer al colegio y se volcaran en apoyar, proponer y llevar a cabo iniciativas que hacían real la idea de comunidad escolar. Los viajes, las semanas culturales, los talleres, las convivencias, las tertulias… llenaban el calendario escolar de vida y alegría. Las aulas, los pasillos y la monumental escalera fueron el escenario de encuentros, descubrimientos y experiencias inolvidables.
Por fin salimos al patio de recreo para echar un último vistazo. Nos despedimos con atisbos de nostalgia y satisfechos de haber podido decir adiós a un lugar entrañable para nosotros, un lugar en el que padres, alumnos y profesores vivimos una maravillosa aventura educativa.


