Ya en el título de su primer poemario, Fragmentos para una arquitectura de las ruinas (Olifante, 1989), se advertía que la poesía de Alfredo Saldaña (Toledo, 1962) iba a girar en torno a la idea, como así ha resultado, de la construcción, después de la deconstrucción, aunque, sostenía el autor en aquel entonces, “la escritura es solo un ejercicio de salvación personal que tiene como fin irremediable la destrucción o el olvido”. Veinte años más tarde escribía en Humus (Eclipsados, 2008) lo que había quedado del incendio poético de palabras y sentimientos: “ser ya nada para volver entonces a serlo todo”. Y es que la palabra y el pensamiento son el eje de la poesía de Saldaña, por eso afirma que “la función de la poesía en el siglo XXI tiene que ser la de acabar con el letargo en el que viven muchas conciencias”, un letargo que es soporífero y letal sueño que provoca la muerte del pensamiento y cuya consecuencia más inmediata es que “la cultura actual influye de modo decisivo en la banalización del mundo”.
Frente a ello, como diría Blas de Otero, nos queda la palabra. Dice Saldaña: “El lenguaje, además de la herramienta principal que tenemos a nuestro alcance para representar el mundo, es el valor que, en mi opinión, debemos cuidar y trastocar”.
Esa necesidad de indagar en la idea de que el pensamiento ha de servir para abrir nuevos caminos en la cultura, se aprecia ya en el título de su segundo poemario, Palabras que hablan de la muerte del pensamiento (Olifante, 2003), una muerte que implica necesariamente una resurrección porque “hay muchas maneras de entender y afrontar la posmodernidad”. Posiblemente porque “la crítica puede expresarse a través de cualquier medio o género literario; es una cuestión de actitud y no de forma elegida” ha decidido presentar sus reflexiones en La huella en el margen (literatura y pensamiento crítico) (Mira, 2013), su último ensayo que valora las tendencias actuales del pensamiento, aunque las corrientes que surgen con fuerza en el siglo XXI no son básicamente diferentes a las del último tercio de siglo XX: “Bueno, supongo que el mundo, como una “piedra rodante” no deja de cambiar. Sin embargo, a pesar de los cambios, a veces más aparentes y espectaculares que reales, el mundo sigue teniendo los mismos problemas y los mismos anhelos que hace mil años”. Esa continuidad que es la literatura misma porque, “antes de un mundo globalizado, ya la literatura recreaba temas y motivos de alcance universal, hoy y desde siempre”.
Su faceta de investigador y ensayista está ligada a su profesión, Alfredo Saldaña es profesor titular de Teoría de la Lengua y Literatura Comparada en la Universidad de Zaragoza. Como profesor opina que “la docencia, como todo, está cambiando a diario” y que con respecto a los planes de estudio “se ha producido un vaciamiento del componente crítico”. Por último, el hombre dice creer “más que en la inspiración, en el trabajo y el esfuerzo”.
Alfredo Saldaña ha estado estos días entre nosotros impartiendo un curso en la Universidad de la Experiencia de Barbastro titulado “La literatura y los géneros literarios”.



