Pregunta.- La primera impresión que el lector se puede llevar al coger su libro es una sensación de pena por ver tanto patrimonio aragonés en EE.UU.
Respuesta.- Ciertamente hemos perdido piezas que son para sonrojarnos. Me estoy refiriendo a las tres más destacadas para mi gusto: el Vidal Mayor (Los Ángeles), el evangeliario de la Reina Felicia (Nueva York) y una tabla de Santa Engracia de Zaragoza (Boston). Pero hay otras piezas que son también muy importantes y que no están bien conocidas y que espero que con este libro se conozcan mejor. Es un conjunto desigual, pero de piezas de cinco estrellas.
P.- ¿Por qué Aragón perdió tanto patrimonio artístico, sobre todo religioso?
R.- Una de las cosas que he intentado dejar claro en la publicación es el contexto general. No fue Aragón, si no España y todo Europa. Después de la Guerra Mundial hubo un desconcierto total y en ese panorama, los americanos eran una clase emergente, bien situada, rica y culta porque se habían formado en Europa. Por las circunstancias en Europa no se valoró mucho el arte y ellos se lo llevaron. Hubo cierta incultura, no se valoraba el arte y se veía la posibilidad de sacar cuatro dineros. Los anticuarios se aprovechan de eso y lo exportan a EE.UU. a cantidades increíbles.
P.- ¿En EE.UU. tenían más sensibilidad por el arte que los españoles?
R.- En ese momento, que abarca los treinta primeros años del siglo XX y la segunda mitad del siglo XIX con las desamortizaciones, había más sensibilidad allá que aquí. En Aragón y España cualquiera, y no sólo eran los curas de los pueblos si no los aristócratas, gente bien situada o hispanistas, si podían sacar un dinero con la venta de piezas lo sacaron. Buscaban un beneficio crematístico y los americanos hacerse con lo que su nueva cultura no tenía: un patrimonio, que han guardado con esmero.
P.- ¿Es un patrimonio irrecuperable?
R.- Las obras en EE.UU. son prácticamente irrecuperables. Algunas han vuelto a España porque los actuales poseedores las han sacado a subasta y han pujado galerías españolas. Pero hay piezas que nunca saldrán de los museos porque son de muchas categoría y no querrán perderlas nunca.
P.- ¿Después de haber hecho este libro podrá preparar otro de viajes por EE.UU. tras su periplo ese país?
R.- Cierto (ríe). Es una investigación de la que estoy contento pero que ha sido muy costosa. Estuve un curso entero en EE.UU. y aproveché para visitar distintos museos lejanos, en todos me acogieron muy bien y me dieron muchas facilidades.
P.- Puede consolarnos que en EE.UU. ya conocen y valoran Aragón.
R.- Localidades como Perarrúa, Barbastro, Huesca se conocen por lo menos en la cartela de la pieza del museo donde se exhiben y quizás alguien se interese más.
P.- Una de las obras recogidas en su libro, procedente de Barbastro, recuerda a la película Ciudadano Kane.
R.- Está relacionada. Hearts más que un coleccionista fue un acumulador de piezas porque muchas de ellas no las llegó a desembalar. Tenía una cierta obsesión neurótica por coleccionar arte y le llegó el artesonado de Barbastro y lo colocó en el salón donde está su billar en su castillo de San Simón, en el norte de California, el cuartel general de este magnate de la prensa.
P.- ¿Es comparable el caso de EE.UU con el de Lérida?
R.- En ambos casos es patrimonio emigrado pero hay que ir con cuidado con hacer un paralelismo. Son piezas de Aragón que han llegado a Lérida y a EE.UU. de forma distinta, mediante compra, y por eso es muy difícil recuperarlas. En el caso de Lérida, está claro que todas las sentencias son favorables a Barbastro. Si el obispo de Lérida se retira del Consorcio ya estaría todo solucionado y podría retirar las obras.




