No puedo empezar este texto sin resaltar la ausencia por jubilación de Juana de Aizpuru, verdadera alma mater de Arco, que impulsó su creación en el 1982 y la dirigió varios años y también lamentar la muerte prematura de José Martínez Calvo, Pepe, codirector y fundador de Espacio Mínimo, grande en lo profesional y personal. A ambos, quienes habíamos trabajado con ellos, ya les echamos de menos.
En este tipo de macroeventos es una tarea titánica intentar verlo todo ya que después de 3 o 4 horas, a los humanos nos da lo mismo lo que nos pongan delante, porque nuestro ojo y nuestra mente son incapaces de asimilar tanta información. Así que, como recomendación, ante cualquier feria de estas dimensiones, seleccione primero lo que desea ver y acometa. Yo este año he decidido centrarme en las galerías y dejar fuera todos los programas comisariados, las galerías caribeñas y demás apartados que, aun siendo de interés, conforman un volumen imposible de ser apreciado por completo, incluso después de varias visitas. Así que tomen esta crónica también con reservas, pues es subjetiva y parcial.

Las galerías más interesantes han sido Espacio Mínimo con obras excelentes de Elena Blasco. Quiero resaltar también la pintura de Juana Gonzalez puesta en valor recientemente, un poético video de Juán Luis Moraza minimal, sencillo y efectista de dos clavos ejecutando una danza y las esculturas escenografíadas de Miguel Ángel Gagüeca así como los óleos de pequeño formato de Martí Cormand de personajes individualizados de espaldas, entre otras piezas de sus artistas habituales.
También en Elvira González, la galería de más solera del país, admiramos magníficas esculturas de Juan Asensio; piezas muy sutiles de la americana Pae Whire; fotografías de corte surreal de Chema Madoz; obra escultórica de Olafur Eliasson; cerámicas de Barceló y muchos trabajos susceptibles de ser acogidos en los museos más prestigiosos.
Maisterra-Valbuena es otro de los espacios imprescindibles, con obras de Jacobo Castellano, uno de los escultores españoles más interesantes, unos impresionantes Zush, buenísimas telas de Jerónimo Elespe o de Antonio Ballester Moreno y otra, de gran formato, en el centro del espacio, del aragonés Néstor Sanmiguel.
En Guillermo de Osma, admiramos un impecable montaje de obras clásicas contemporáneas, entre las que pudimos disfrutar varias de Dis Berlín, una extraordinaria de Oscar Dominguez así como también Chillidas, Serras y excelente obra de las vanguardias.

Max Estrella, una de las galerías más activas y más conectada al presente, presentaba en su espacioso stand creaciones digitales de Canogar hijo; fotografías documentales de la performance de La Ribot en el Prado; una serie de dibujos de gran calidad de Bernardí Roig; esculturas de Jessica Sockholder, una artista muy influyente, caótica del orden y muy colorista; trabajos de Eugenio Ampudia; piezas conceptuales de la cubana Diana Fonseca; novedosas esculturas de Miler Lagos con libros apilados y un maravilloso políptico de Eva Lootz, que va a trabajar con este espacio.
En Albarrán-Bourdais destacaba a lo lejos una versión del Saturno devorando a su hijo de Goya, realizada por el gran artista portugués Pedro Cabrita Reis, además de un notable Julio Le Parc y otras obras de Carlos Amorales, Dominique González- Foerster o Alberto García Alix.
Además resultaron muy interesantes MiraMadrid con Uslé, Bleda y Rosa, Teresa Lanceta o Fernando Bryce. También Carreras Múgica con buena escultura vasca de June Crespo, ahora exponiendo en el Guggenheim, o Txomín Badiola, además de los clásicos. Y el siempre interesante espacio de Helga de Alvear con Elmgreen & Dragset, Jose Pedro Croft, Isaac Julien o Thomas Locher. Resaltar otras obras importantes, algunas en las imágenes, en otros espacios que han conformado una edición de gran calidad.
En cuanto a las galerías foráneas citar a la francesa Lelong, con obra del galés Barry Flanagan, una de sus célebres liebres; Plensa y sus esculturas silentes; Juán Usle con magníficas telas; pinturas de ordenador de David Hockney y obra en papel de David Nash.

En Thomas Schulte me sorprendió una pieza de cerámica del gran escultor británico Richard Deacon, muy distinta de sus anteriores trabajos, lo que demuestra su afán de innovar y explorar nuevos territorios; otra interesante creación de Alice Aycock; una obra en neones de las corrientes migratorias del chileno Alfredo Jaar, reflejando lo injusto de esta sociedad, y el trabajo formal de Allan Mc Collum.
Neugerriemschneider de Berlín presentó unos grandes mármoles del mejicano Mario García Torres; una instalación muy plástica de lámparas del cubano afincado en Los Ángeles Jorge Pardo; una escultura de pequeño formato de cerámica de Ai Wei Wei y obras impresionantes de Olafur Eliasson o Tomás Sarraceno.
Constatar que la presencia aragonesa es escasa como viene siendo habitual. Ninguna galería y pocos artistas: Antonio Saura con un políptico en la Galería Mayoral, José Manuel Broto en Fernandez Braso , Néstor Sanmiguel en Maisterra-Valbuena, Fernando Sinaga en Fernando Pradilla, Antonio Fernandez Alvira en House of Chappaz, Lara Almárcegui en Mor Charpentier, Eugenio Ampudia, que vivió muchos años en Zaragoza, en Max Estrella y Quique Radigales en the Goma con una obra del mismo corte de la que fue galardonada en el último premio de plástica de la Uned de Barbastro y que inaugura expo ahora, el 21 de este mes en la propia Uned.





