Cultivo y transformación de materias primas vegetales. Transformación de materias primas de origen animal.
ALGODÓN: El algodón fue introducido en Europa por los fenicios. En España, a finales del s. II, había plantaciones de algodón en las cercanías de Sevilla, cultivo que se extendió mucho después con los árabes. Durante los siglos XI, XII y XIII, los algodones de Granada eran de una calidad extraordinaria y competían con los algodones orientales.
El algodón es una fibra de semilla. Se siembra en primavera y se recolecta en otoño. La planta del algodón es de tallos verdes, hojas acorazonadas y flores amarillas con manchas rojas, su fruto es una cápsula con quince o veinte semillas envueltas en una borra larga y blanca. Cuando la cápsula ha madurado ésta se abre espontáneamente, dejando ver la fibra del algodón, entonces se recolecta y posteriormente se realiza su transformación. Esta transformación es totalmente mecánica desde 1763, en que Highs inventó la primera máquina de hilar.
El algodón de mejor calidad es el egipcio. Con el fin de abaratar su costo y ser más asequible, a veces se mezcla con otro de inferior calidad.
En el Somontano, concretamente en Costean, se tiene constancia de su cultivo hasta mediados del siglo XX como un producto agrícola más.
ESPARTO: El esparto es una fibra de hoja. Crece en España de forma espontánea. Se cultiva en varias provincias, entre ellas la provincia de Huesca y también en el Somontano. Se utiliza para la fabricación de alpargatas y cordelería. El de mejor calidad recibe el nombre de esparto de espartero y el más basto albardín. Si el esparto de mejor calidad se carda y se hila, se puede tejer para la obtención de tejidos ordinarios.
LANA: Existen datos de descubrimientos arqueológicos que demuestran la utilización de la lana como fibra textil. Los hallazgos de asentamientos urbanos en el mar Caspio y en Asia evidencian que seis mil años a.C., las ovejas eran animales domésticos y su lana era aprovechada para hilar y tejer.
Dos mil años a.C., en Europa, la lana y el lino eran la base de la artesanía textil. También se encontraron restos de tejidos de lana en los yacimientos de Robenhausen (Suiza). Algunos de éstos tejidos tenían franjas horizontales de color amarillo, rojo, azul y negro, lo que demuestra que conocían el arte de tejer y teñir. En el Somontano la lana ha tenido cierta importancia puesto que en nuestros días todavía hay mujeres que se dedican a elaborar prendas de abrigo, confeccionadas con agujas de hacer punto o con ganchillo.

Las materias textiles de origen animal no son muy numerosas.
La lana procede de distintas clases de animales: oveja, carnero, llama etc.
De las cabras del Tíbet procede la lana de Cachemira o cachemir. De la cabra de Angora la lana mohair. También se transforma en materia textil, o sea en hilo, el pelo de alpaca, conejo, cabra, camello, dromedario, el pelo de la crin del caballo etc. He visto prendas tejidas con hilo de pelo de cabra de un tacto y una finura extraordinaria.
Hay lana de diferente color, blanco, amarillento, pardo, marrón y negro.
El proceso de elaboración de la lana en fibra textil es muy laborioso.
Hay que seleccionar los animales vivos y sanos que nos puedan dar el mejor vellón de lana. La lana de los animales muertos es menos resistente y no se tiñe bien.

Primeramente se esquilan las ovejas, y la lana se lava bien para quitarle toda la suciedad, se lava con abundante agua, a ser posible con agua corriente, antiguamente se ponía la lana en un cesto grande o canasta de mimbre, y se iba al río a lavarla.
Una vez lavada y seca, se escarmenaba, o sea, se esponjaban los vellones para terminar de sacar los restos de suciedad.
Seguidamente se cardaba con dos pequeños rectángulos de madera con mango, especie de peines con púas metálicas, llamados «cardas», con los cuales se cardaba la lana quedando preparada para ser hilada.
A veces, una vez cardada la lana se realizaba otra operación para sacar el «estambre», conocido también como la «flor de la lana».
Este trabajo, desaparecido en la actualidad, era realizado por los pelaires.
Muchos pueblos tienen casas con este nombre,
Los pelaires eran artesanos que recorrían los pueblos realizando este trabajo; para ello usaban dos peines con unas púas de unos 20 cms. de longitud, en uno se ponía los copos de lana, y con el otro la cardaban hasta que pasaba toda la lana al segundo peine.
Para realizar este trabajo, el peine tenía que estar con las púas calientes, para ello lo ponían a calentar en el hogaril o en un brasero; finalizada esta operación se ponía el peine en un banquillo especial para este trabajo, y con las dos manos, el pelaire sacaba el estambre untándose los dedos con aceite que tenía en un pequeño recipiente en el mismo banquillo.
Con esta operación se sacaban pequeños copos que luego se juntaban y se ponían en la rueca para ser hilados.
La lana que quedaba una vez sacado el estambre, era hilo más basto con el que se hacía una tela llamada cordellate, en el Somontano CORDIAU que es un tejido cuya trama forma cordoncillo y que se usaba para hacer mantas y tejidos resistentes.
Las mantas de cama estaban tejidas con lana, llevando una decoración de rayas o cuadros y también se unían con una costura para darles más anchura.
Aquí podéis leer la parte III de esta colección de artículos sobre la artesanía textil del Somontano.



