Cultivo y transformación de materias primas de origen animal.
LANA A veces, una vez cardada la lana se realizaba otra operación para sacar el «estambre», conocido también como la «flor de la lana».
Este trabajo, desaparecido en la actualidad, era realizado por los pelaires. Muchos pueblos tienen casas con este nombre. Los pelaires eran artesanos que recorrían los pueblos realizando este trabajo; para ello usaban dos peines con unas púas de unos 20 cm de longitud, en uno se ponía los copos de lana, y con el otro la cardaban hasta que pasaba toda la lana al segundo peine.
Para realizar este trabajo, el peine tenía que estar con las púas calientes, para ello lo ponían a calentar en el hogaril o en un brasero; finalizada esta operación se ponía el peine en un banquillo especial para este trabajo, y con las dos manos, el pelaire sacaba el estambre untándose los dedos con aceite que tenía en un pequeño recipiente en el mismo banquillo.
Con esta operación se sacaban pequeños copos que luego se juntaban y se ponían en la rueca para ser hilados.
La lana que quedaba una vez sacado el estambre, era hilo más basto con el que se hacía una tela llamada cordellate, en el Somontano cordiau que es un tejido cuya trama forma cordoncillo y que se usaba para hacer mantas y tejidos resistentes.
Las mantas de cama estaban tejidas con lana, llevando una decoración de rayas o cuadros y también se unían con una costura para darles más anchura.
LA SEDA es una fibra de origen animal: Se obtiene del filamento segregado por el gusano Bombixmori, de cría casera, que es el que da mejor calidad de seda. Este gusano se alimenta de hojas de morera.
La seda es utilizada en China 3000 a. C. la manufactura de la seda estuvo considerada como secreto de estado durante mucho tiempo. En el siglo IV a. C. la seda cruda o tejida se exportó a países cercanos. Su comercio se intensificó en el siglo I. Las sedas llegaron a Roma a través de Persia y Siria.
Hacia el año 552, durante el imperio de Justiniano, se introduce en Bizancio la cría del gusano de seda; posteriormente se extendió por los países del Próximo Oriente, donde conocieron su cultivo los pueblos musulmanes y lo transmitieron luego al norte de África y a al-Andalus. La fabricación de tejidos de seda, en los siglos XI, XII y XIII, estuvo concentrada en Almería. A partir del S. XV fueron lugares destacados en la elaboración de la seda: Granada, Córdoba, Málaga, Murcia, Almería, Barcelona y Zaragoza.
El arte de la seda en Aragón se remonta a los siglos XIII – XIV, ya que existen menciones e incluso un privilegio concedido en 1323 a los judíos de Zaragoza para el tinte de las sedas. También en Zaragoza se mencionan tejedores de seda que junto a los de algodón, fundaron una cofradía en 1513.
En el Somontano se ha trabajado la seda hasta la primera mitad del siglo XX. Había pueblos como Castillazuelo, El Grado y Enate que se dedicaban a la cría del gusano de seda por la gran cantidad de árboles de morera existentes en sus cercanías, alimento principal de estos gusanos.
La producción de seda en la comarca a finales del S. XVIII era de dieciséis mil libras.
En esta actividad destaca Barbastro como centro de importancia. Contaba con fábricas de seda, hilado y torcido, produciendo tejidos de la mejor calidad.
La obtención del hilo de seda es muy laborioso. Cuando se forma el capullo es el momento de extraer el hilo sumergiéndolos en agua caliente y se va añadiendo agua para que no se estropee la seda. Los capullos se remueven con una escobilla para desprender el cabo de la hebra, separando las primeras hebras llamadas borra por ser de mala calidad.

Los hilos se enrollan en un torno de aspas que va detrás de cada recipiente. La seda así devanada se llama seda cruda, 100 Kg. de capullos dan alrededor de 8 Kg. de seda hilada.
Cada hilo es el número de capullos hilados simultáneamente, de tres a quince, según el grosor que se necesita conseguir.
Su longitud está entre 350 a 900 metros y puede llegar hasta 1200. Una vez hechas las madejas que pesan por término medio 60 gr. cada una, se pasa al desengrasado poniendo las madejas con agua caliente y jabón, a continuación se dejan secar.
Después de secas se les da almidón, se pasan a una devanadera, se hacen ovillos y la fibra ya está dispuesta para llevarla al tejedor.
Depende del tejido a realizar puede tener más o menos cabos o hilos y puede, o no, tener torsión.


