Hablar del Hostal Cafetería Pirineos es hablar de la historia de Babrastro. El domingo esta familia escribió una nueva página, muy emotiva, para el recuerdo con la celebración del centenario de su más anciana componente, Asunción Mur Soláns.
Toda la familia, alrededor de cuarenta personas, mostraron su cariño a la tía Asunción a la que obsequiaron con múltiples regalos, ramos de flores, bombones, perfumes, … pero sobre todo la ilusión de ver al grupo familiar unido en torno a la mesa de uno de los restaurantes y hostales más longevos de la provincia, y junto al San Ramón, el más veterano de la ciudad.
La jornada festiva comenzó con una misa en las instalaciones del Hostal, para después disfrutar de un ágape, la entrega de regalos y una sesión de fotos con la centenaria. «Es un día muy especial. No esperaba esto, una fiesta tan grande y tanto cariño. He llevado mucha felicidad al poder ver a toda la familia unida, da mucha alegría. No lo merezco tanto», explicaba entre lágrimas de emoción la centenaria. «A todos los he querido mucho», matizaba.
Asunción posee una privilegiada mente y conserva muchos recuerdos de su Barbastro, de los vecinos de la calle Oncinellas, de antiguos negocios ya extintos y sobre todo de la evolución del Hostal, creado por sus padres y en el que trabajó «desde los siete años. Hasta entonces vivimos del Arrabal, de Casa Guillén. Éramos labradores y compramos esta casa y ya nos dedicamos a la fonda».
Asunción tiene muy presente los años de gran auge del negocio, sobre todo en la época de las ferias de caballerías en la zona conocida ahora como plaza de la Diputación. «Teníamos cuadras para las ferias de septiembre y Navidad que se llenaban de mulas. Había una feria en Sariñena pero estaba muy lejos de la estación y se embarcaba muy mal, y decidieron llevarla a Barbastro los tratantes de la montaña», afirma.
La decisión de fundar el Hostal provino de sus padres y en ello jugaron a su favor las virtudes culinarias de su madre. «Mi madre era una gran cocinera. Yo poco, era ayudante más que cocinera», aunque sus familiares matizan que elabora un delicioso arroz con leche.
La fama del Hostal se extendió especialmente por «la montaña, donde nos conocían todos. Por eso cuando nos fuimos exiliados de la guerra en todos los sitios nos recibieron con los brazos abiertos».
A su regreso a Barbastro desde Eriste, se encontraron con que el Hostal Pirineos «lo habían cogido para cuartel de alemanes y tuvimos que estar en casa de la familia bastante tiempo. Cuando vinieron mis hermanos de Francia ya volvimos a coger el bar». A su juicio, la gestión actual del Hotel le agrada mucho: «Creo que lo llevan bien porque me parece que todos los que vienen están contentos».
De los tiempos actuales, Asunción lamenta que hoy «se vive más separado y ya no hay la amistad que había entonces».
Por último, reconoce que ha heredado «la memoria de mamá» y como secreto para la longevidad cita «comer de todo y trabajar». Ahora le pide a la vida «descansar, que Dios me acoja en buena hora y dejar un buen recuerdo a los familiares».
Asunción Mur se incorpora a la docena de vecinos del Somontano que alcanzan la centuria, entre ellos diez mujeres y dos hombres.


