Aún no había acabado el complicado año 2022, cuando el gobierno del Ayuntamiento de Barbastro desató la fiesta política, con sobreexposición en redes sociales, para contar maravillas sobre una Zagalandia deteriorada, para sacar pecho de la concesión de ayudas nominativas a asociaciones que deberían haber estado gestionadas y liquidadas a mitad del ejercicio o para anunciar eventos durante los próximos seis meses.
Por ejemplo, febrero en Barbastro tiene sabor a feria, porque iniciamos el mes con la Candelera, que alcanza su 510ª edición, referencia histórica que habla por sí sola del carácter comercial de nuestra ciudad, forjado durante siglos con el esfuerzo e iniciativa de los barbastrenses.
Dicho de otro modo, no hace falta para nada que el político de turno se haga la foto reglamentaria colgándose medallas por poner la fecha del tradicional acontecimiento, ya que llegar a esta edición es fruto del trabajo de muchas personas, desde la reina Germana que otorgó el privilegio, hasta el último de los comerciantes que espera con ansia acudir a la cita anual, donde no sólo defiende su negocio, sino también la identidad propia de esta ciudad.
Me gusta hablar de ferias porque me gusta hablar de Barbastro ciudad de ferias, pero me duele comprobar que, al contrario de una visión ambiciosa y de futuro, la recuperación de las oportunidades de encuentro tras la pandemia sanitaria, no deriva aquí en un impulso imprescindible -esta vez sí, especialmente desde el ayuntamiento- sino en un debilitamiento de ese rasgo y prestigio ferial de calidad, diferencial de nuestra ciudad.
Duele porque las ferias de Barbastro han sido siempre pioneras y, sobre todo, motor económico y de orgullo. Desde la FERMA madre de todas las ferias actuales barbastrenses, hasta El Desván, pasando por Senda, la primera feria nacional que habló de sostenibilidad, o Pirevino o Zagalandia, que hace ya más de 25 años fue la primera feria del voluntariado a nivel regional y ejemplo para eventos semejantes en otras poblaciones En todas ellas, el Partido Aragonés y sus representantes han colaborado en su creación y proyección. Sin embargo, ahora, “Barbastro, ciudad de ferias” vive su peor momento, sin justificación porque el sector vuelve a crecer, los expositores desean venir, los visitantes quieren palpar, conocer y compartir y la ciudad recuperar ese motor económico que son las ferias.
Por eso, en el PAR seguiremos insistiendo en que el recinto ferial y un potente programa de acontecimientos y convocatorias merecen un trato preferencial de nuestro ayuntamiento y no la dejadez a la que han estado sometidos en este mandato.


