El mes de las Fiestas Mayores de Barbastro. Pero no las únicas. Desde 1513 y gracias a la segunda esposa de Fernando el Católico, Germana de Foix se celebra cada dos de Febrero en nuestra Ciudad la Feria de la Candelaria y a finales de Junio con la llegada del verano Barbastro celebra las Fiestas de San Ramón del Monte (1067-1126) en honor a su patrón (21 de Junio).
Este año de 1931 la Fiesta Grande dejó un mal regusto entre muchos barbastrenses. Hubo numerosas quejas sobre la desorganización concretadas en que un día no salieron los gigantes cuando estaba previsto que así fuera, la banda militar solo actuó dos de los cuatro días previstos en el programa, los pasacalles no respondieron a lo anunciado, en el festival de jota en la plaza de toros no se lidiaron las vaquillas como se indicaba en la propaganda, en la ronda típica no hubo nada típico, el grupo «Los de Aragón» (banda cómico-taurina de gran renombre en el mundo) llegó dos horas tarde por lo que suspendió su actuación, la corrida grande empezó con media hora de retraso y sin presidencia y la verbena y retreta no fueron amenizadas por las bandas señaladas en el programa de fiestas. Siendo justos sí estuvieron al nivel los fuegos y los programas de los cines (sonoros) Cortés y Moderno.
En Barbastro era motivo de comentarios, campañas en favor y debates, la situación de nuestros pobres.
Una nueva queja fue la provocada por el olvido por parte del Ayuntamiento de las comidas, celebraciones y ayudas que con motivo de las Fiestas se habían convertido en una costumbre en favor de los pobres y desfavorecidos de la Casa Amparo y del Asilo de las Hermanitas de los Pobres.
Isabelino Castillón desde las páginas de «La Opinión» acudía a la sensibilidad de los barbastrenses:
«¡Acerquémonos a esos pobres ancianos y prodiguémosles unas palabras de consuelo, ya que otra cosa no podemos hacer, para apartar de su imaginación, siquiera sea por un momento, por unos minutos, los sinsabores de que se halla rodeada su vida!. ¡Barbastrenses!, hermanos todos de esos desgraciados, ayudadnos en esta obra humanitaria, santa, aunque nada más sea con unos céntimos, ya que no es la comida opípara lo que les vamos a llevar; esos céntimos, esa comida, no significarían nada si no fuera entregado como lo que es: ternura… amor…!»
En esa campaña en favor de los pobres, entre otros, se postularon Don Pablo Bosch Fajarnés que aportó 5 pesetas, Don Víctor Castillón 5 pesetas, Aguas Potables de Barbastro 50 pesetas, Don Blas Coscollar 5 pesetas y Don Andrés Soler 3 pesetas.
Hace 93 años, Cecilio Garcirrubio firmaba en un semanario barbastrense un artículo que hoy mismo estaría de plena actualidad. Comentaba el Sr. Garcirrubio que los españoles preferían viajar al extranjero que hacerlo dentro de España, valorando muchísimo más lo foráneo que lo propio. Todo era fantástico y chic en el extranjero y mediocre y muy visto en España. «El verdadero encanto de los países visitados lo encuentran al regreso entre sus amigos» (literal). Lo importante del viaje es poderlo explicar a la vuelta, aunque haya sido un desastre, aunque haya sido aburrido, aunque el viajero se haya cansado lo que no esté escrito y no haya tenido tiempo de descansar, aunque se haya hospedado en fondas y hoteles inmundos y aunque haya comido mal. Todo ello se convertirá en maravilloso a su vuelta cuando lo explique a sus cuñados, compañeros de trabajo y amigos.
Muy importante fue una diminuta noticia que informaba de que el Ministerio de Instrucción Pública estaba concediendo Institutos de 2ª Enseñanza. Barbastro en 1931 no disponía de Instituto. Muchos de los estudiantes al empezar la segunda enseñanza se veían obligados a desplazarse hasta Huesca o Lleida.
El Ayuntamiento se ocupó de este asunto tan importante para nuestra Ciudad y las comarcas cercanas. Para ejemplo baste el del padre del autor de este artículo, Ramón Bosch Marro (1920-1997) que estudió en Barbastro hasta que en 1931 tuvo que acudir interno a estudiar a Lleida. Poco después pudo seguir sus estudios en el Instituto de Barbastro una vez inaugurado.
Era costumbre hace cien años, hoy inexistente, la contratación de una ama de cría. Muchos de nuestros jóvenes no sabrán de qué estoy hablando. Una ama de cría era una mujer contratada para nutrir o alimentar a un bebé en lugar de hacerlo la madre que lo parió. Era habitual entre las familias de cierto nivel económico y social. Y Barbastro no era diferente. Así en 1931 se podían encontrar anuncios como este:
«Ama para criar en su casa se necesita. Razón: Santo Domingo 5, Barbastro».
Y como cierre el lector puede sorprenderse (o alucinar que es más moderno) con el siguiente anuncio:
«Aprendiz que sepa leer y escribir, de diez a catorce años, se necesita. Informes en esta Administración»
¡DIEZ AÑOS! Hace cien años la sociedad veía natural que un niño/niña de diez años trabajara. Nada que objetar. Hoy valoramos como una perversidad el mismo hecho, en el mismo país y con noventa y tres años de diferencia. Conclusión:
HAY QUE ANALIZAR LA HISTORIA EN SU CONTEXTO TANTO TEMPORAL COMO GEOGRÁFICO.




