Una vez disipada la pantomima de intento por dormir , permanecíamos atentos a la evolución de la mañana hasta que por fin , pasadas las siete , los grupos empezaron a salir.
El viento se había calmado y , ya sin usar luz artificial , procedimos a calzar nuestros crampones y a encordarnos , siguiendo las pautas que rigen por estos lares y que corresponden , ni más ni menos , a las de un terreno glaciar donde , ante la amenaza de grietas finamente tapadas a modo de trampa , resulta obligado ir atados .
Comenzada la marcha , al levantar la cabeza observé una inusual fila de cordadas que atacaban la pendiente al derecho . No dudé en apartarme de aquellas huellas , para mí suicidas , y tracé los zig-zag que desde siempre me habían enseñado a trazar durante el ascenso .
Hacía frío y por eso recuerdo una nieve durilla , pero segura una vez que las puntas de los crampones se clavaban en ella . Sólo había que estar atento a no tropezar ni pisar la cuerda .
Estábamos ascendiendo y conforme ganábamos altura …-¡Maldición …! , una densa niebla se instalaba y lo envolvía todo . Esto traía como consecuencia una caída en picado del termómetro y por eso , al llegar al refugio vivac de Vallot (4362m) decidimos meternos dentro y esperar , rezando si hiciera falta , ya que los volúmenes y el terreno desaparecían con la bruma y no se podía reconocer nada del itinerario . Esta pausa la aprovechamos , además de comer algo , para replantear la estrategia . Decidimos que si tras el paréntesis de la cabaña el panorama no se despejaba renunciaríamos a la ascensión .
Creo que dentro de esta estructura metálica de Vallot hacía en poco tiempo de estar parados más frío que en el exterior . No suponíamos que , tras salir de sus oscuras entrañas , íbamos a encontrar el brillo del Sol iluminando las huellas que ya se aupaban en dirección a la larguísima arista somital de Les Bosses.
Se había cumplido la condición requerida y sin dudar enfilamos el lomón que nos alzaría sobre la Grande Bosse , esta vez más directos y verticales en busca de su arista .
Sin embargo el día estaba cambiante y aquellos ratos de Sol, fueron breves y sirvieron tan solo para encorajinar nuestro ataque que se vio ,en cuestión de minutos , absorbido por espesas brumas cuando ya el camino era inequívoco hacia la cumbre . Una vez transitábamos el sendero de apenas un metro de ancho , suspendido sobre el vacío a ambos lados de la afiladísima arista , había que extremar la precaución sobre todo para cruzarse con las cordadas que volvían de la cima .
En cuanto pasamos , en medio de la niebla , a una zona más ancha y con algo de gente reunida comprendimos que habíamos llegado a la cumbre . No se veía nada del típico y esplendoroso paisaje que rodea este gigante de 4810 m .
Majestuoso , el Mont Blanc se yergue sobre todo el conjunto de cuatromiles de los macizos que lo circundan en centenares de kilómetros . Emocionados , celebrábamos no una conquista más ;en verdad era un final feliz después de muchas horas de viajes y de nuevas experiencias en terrenos desconocidos y atrayentes toda vez que ante la incertidumbre solo cabía seguir el sentido común y por fin derrochar la alegría de alcanzar una cumbre excepcional compartida entre amigos .
Le pedimos a alguien que nos hiciera la foto de cima en la que se adivina lo bajísimo de la temperatura al mediodía de este 14 de agosto de 1989 . Digo esto porque todavía me parece contemplar a nuestro compañero más novato ,»Firki» , con el bigote y la barba helados , pero no más que los iba a tener en 1994 , cuando conquistó la cima del Nanga Parbat ( Himalaya ), primer ocho mil de nuestro club , y único también en la trayectoria de este amigo entrañable que además con el pasar de los años se haría guía profesional y que aún ahora sigue en la profesión , en Benasque .



