
Que una empresa cumpla 175 años es motivo de satisfacción, pero si se trata de un comercio tradicional con una clientela de cercanía es una heroicidad en estos tiempos dominados por las compras on line en grandes plataformas digitales norteamericanas o chinas.
Casa Artero, como popularmente se conoce al gran Bazar Albert – Artero (en sus orígenes Casa Bosque), celebra a lo largo de 2018 sus 175 años prestando servicio y abasteciendo de productos a las gentes del Alto Aragón desde el corazón de Barbastro.
El establecimiento comercial se creó en 1843 con la denominación de Casa Bosque que luego cambiaría por Casa Artero, apellidos de las mujeres de esta familia de comerciantes. Desde entonces ocho generaciones han estado detrás de los mostradores de esta gran edificio, sito en la esquina de General Ricardos y la calle Oncinellas. La última mujer al frente del negocio es Lourdes Albert, por lo que el nombre comercial ha vuelto a cambiar a Albert – Artero.

Lourdes, la gerente, mantiene este negocio familiar junto con su hermano Enrique que se encarga de la contabilidad. Trece empleados trabajan en este establecimiento que en sus buenos años ha llegado a contar con una veintena de trabajadores, la mayoría mujeres.
Casa Artero ejemplifica el desarrollo comercial que ha tenido la capital del Somontano a lo largo del siglo XIX y siglo XX prestando servicio sobre todo a las comarcas vecinas. «Pensamos que Casa Artero sea más antigua porque se perdió mucha documentación y 1843 es la fecha que hemos podido documentar cuando había que hacer salvoconductos para ir a comprar», explica Enrique Albert.
Se trata de una gran superficie, con varios pisos, que practica la venta al por menor y al por mayor en la provincia de Huesca, las Cinco Villas de Zaragoza y el valle de Arán, en Cataluña.

«Hemos vendido de todo menos calzado y alimentación: juguetes, perfumería, quincalla, pasamanería, navajas, pero básicamente textil como la mercería interior, pasamontañas, pijamas, y ropa. Hubo épocas en las que vendíamos mantillas y rosarios, … todo va en función de cómo evoluciona la sociedad», cuenta Enrique Albert.
Los momentos más delicados sin duda fueron los periodos bélicos, con especial gravedad en la I Guerra Mundial donde se cortó el suministro con Alemania, y en la Guerra Civil. La empresa sufrió importantes perdidas en el bombardeo de 1937, -previamente en 1936 fue incautado- también en la riada de 1963, como recordaba Enrique.
La trayectoria de esta casa ya le fue reconocida por la Fundación Basilio Paraíso de Zaragoza al concederle una medalla en 2011. «Sólo hay dos secretos: trabajar y una buena administración, pero sobre todo trabajar. El comercio no es un medio de vida es una forma de vida, te marca unos valores que yo he visto en mis padres y abuelos. El cliente nos tiene por gente seria y profesional y aquí vienen con confianza», señala.
Su hermana Lourdes destaca el servicio postventa y el trato cercano y familiar: «Estamos muy agradecidos a Barbastro, estamos aquí por los clientes y hay que dar el mejor trato. De hecho nosotros no vendemos por Internet porque valoramos el trato con el cliente. Ofrecemos servicio y en cuanto a los precios es muy ajustado todo el año, y casi no hacemos rebajas, como mucho del 20% porque el cliente que nos compra sabe que el precio es muy justo».

