El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer en muchos lugares del mundo. Fue en 1975 cuando Naciones Unidas comenzó a festejarlo, proclamado por la Asamblea en 1977. Sus orígenes se encuentran en las manifestaciones de las mujeres que, sobre todo en Europa, reclamaban a comienzos del siglo XX el derecho al voto, mejores condiciones de trabajo e igualdad. Además, su celebración está estrechamente vinculada a los movimientos feministas durante la Revolución Rusa de 1917.
Por ello, es un buen momento para alejarnos de todos esos estereotipos que giran en torno a la mujer, así como todos esos calificativos que forman parte del día a día del sexo femenino: “la madre”, “la trabajadora”, “la lista”, “la limpia”, “la fuerte”, “la llorona”, “la débil”. Existen muchos otros términos con los que las mujeres deben lidiar y tan sólo hay uno correcto para definir tantas connotaciones: “MUJER”. Pensemos en la niñez, esa niña que sueña con formar parte de un mundo mejor, un lugar en el que los derechos fundamentales sean propios de todos los sexos. Como personas racionales, imaginemos que algún día, esa joven podría ser esposa, madre, MUJER. Lo más lógico es que deseemos que la traten con cariño y respeto. Pero, sobre todo, que ella sienta que vive en un mundo con IGUALDAD. Recordemos que la mujer que ahora es, fue “la niña” de alguien en el pasado. Y que muchas veces, el mundo no es tan fácil para el sexo femenino como lo es para los hombres.
Pensemos en nuestras hijas, madres, abuelas, vecinas, amigas. Reflexionemos sobre las mujeres que forman parte de nuestra vida y luchemos contra la costumbre de etiquetar. Ese hábito presente básicamente a diario, en el que decidimos encasillar los comportamientos, pensamientos y estilos de la persona con la que te cruzas por la calle. Con esta práctica, olvidamos que el ser humano es diferente por naturaleza en todos los aspectos. Y que no por ello se trata de utilizar la terminología de mejor o peor, si no que cada mujer es única y diferente.
Podríamos nombrar casos de grandes personajes de la historia que han dejado huella en el mundo y a la vez, comprobar que cada una de ellas fueron diferentes entre sí, pero unidas por la convicción de que la mujer debe tener los mismos derechos que el hombre y que somos capaces de lograr todo aquello que nos propongamos. Por ejemplo, Marie Curie (1867-1934), una mujer llena de genialidad y talento, pionera en el campo de la radioactividad, que recibió dos premios Nobel en distintas especialidades: Física y Química. O Frida Kahlo (1907-1954), pintora que ha llegado a inspirar a millones de personas con su arte, que luchó por expresar en su obra la identidad femenina desde su propia óptica, dejando a un lado los estereotipos y las ideas preconcebidas. Por su parte, también destaca Coco Chanel (1883-1971), la gran diseñadora que revolucionó el mundo de la moda en una época complicada como fue el periodo de entreguerras. Con su trabajo, acabó con la costumbre del uso de las encorsetadas prendas y ayudó a fomentar que el vestuario femenino fuese más cómodo e informal. Todas ellas mujeres diferentes, con especialidades muy diversas que de un modo u otro, consiguieron llegar a los corazones de muchas personas y dejar su huella en la historia.
Cuidemos pues, tanto hombres como mujeres, de la niña interior presente en cada una de nosotras. Al final, lo importante es ser conscientes de la necesidad de acabar con los estereotipos e injusticias y apoyar a todas aquellas mujeres que luchan por un mundo mejor. Si bien, este día se celebra en muchos lugares y las mujeres de todos los continentes pueden beneficiarse de una tradición de muchos años de lucha a favor del respeto y la igualdad, lo cierto es que a día de hoy, siguen existiendo situaciones, momentos e injusticias que revelan la necesidad de seguir alzando la voz en busca de los derechos fundamentales del sexo femenino.



