Como cada año, a finales de septiembre se reúnen en Azlor los descendientes del apellido Rufas para celebrar una misa en recuerdo de quienes ya no están y compartir después una comida en la casa madre, de donde salieron a lo largo de los años numerosos descendientes.
De tres hermanos —dos de ellos casados con dos hermanas de Azanuy-Fonz— nacieron más de veinte hijos a comienzos del siglo pasado, con su correspondiente descendencia de nietos, bisnietos y tataranietos, que son quienes hoy, y desde hace cuarenta años, mantienen viva esta tradición familiar para recordar el apellido que los une, aunque algunos ya no lo conserven como primero o segundo.
Un encuentro que los mayores celebran con cariño y que los jóvenes esperan seguir manteniendo.




