No hace falta golpear para formar parte de una historia de acoso. A veces basta con mirar, seguir al grupo y callar. Sobre ese terreno, mucho más incómodo y menos visible, se construye Ro Lugar, el cortometraje que Héctor Romance comenzará a rodar este lunes en Castillazuelo, con seis jóvenes actores y una veintena de profesionales detrás de las cámaras.
La película retrocede hasta finales de los años 90, cuando la palabra bullying apenas se utilizaba, aunque las situaciones que hoy identificamos como acoso escolar ya estaban presentes en colegios, calles y pandillas.
“Hay un chico protagonista que sufre bullying, pero no abordamos solo al acosador, sino también a los niños que están en el grupo, que observan, que no agreden, pero tampoco lo denuncian”, ha explicado esta mañana Romance durante la presentación del proyecto en Castillazuelo.
Ese silencio colectivo atraviesa la historia de Damián, un chico que durante un verano intenta encontrar su lugar entre los demás. La necesidad de pertenecer al grupo le lleva a aceptar un juego que comienza como una prueba de valentía y termina mostrando cómo puede crecer la crueldad cuando nadie decide detenerla.
“Creo que el bullying es un tema universal, que ha pasado, pasa y pasará”, señala el director. “En 1998 quizá no había esta palabra, pero hay muchísimos niños de muchísimas generaciones que lo han sufrido y que lo han mantenido en silencio”.
https://youtu.be/bqXZjyf-PT4
Un verano sin móviles ni adultos pendientes de cada paso
La elección de aquella época permite también recuperar una infancia muy distinta a la actual.
Niños en bicicleta, horas fuera de casa, el río, las calles y una libertad que formaba parte de la vida cotidiana en muchos pueblos. Pero esa autonomía tenía también otra cara: buena parte de lo que sucedía dentro de las pandillas quedaba lejos de la mirada de los adultos.
“Ro Lugar habla de la libertad de vivir en un pueblo. Niños, bicicletas, entorno rural… y con esa libertad tampoco existe el mismo control parental”, explica Romance.
No se trata, por tanto, de mirar a los años 90 con nostalgia. La película utiliza aquella libertad como escenario para preguntarse también qué ocurría cuando dentro del grupo aparecían la presión, el miedo o la necesidad de encajar.
“Queremos que se hable del tema abiertamente”, defiende el cineasta. “Creemos que una manera de ayudar a que la sociedad sea un poquito mejor es poder hablar de ello”.
Castillazuelo será parte de la historia
El rodaje se desarrollará durante cinco días en diferentes espacios de Castillazuelo y del entorno del río Vero.
Para Romance la elección del municipio tiene además una dimensión personal. Su abuelo era de Castillazuelo y él ha pasado allí los veranos desde niño. Sin embargo, pese a haber trabajado como director en numerosos lugares, nunca había rodado en el pueblo.
Las cámaras entrarán ahora en algunos de los espacios que forman parte de aquellos recuerdos: la casa de sus abuelos, las calles de la localidad, una tienda recreada para la película y la antigua barbería de su abuelo.
“He rodado en muchísimos sitios, pero nunca había rodado aquí”, reconoce. “Poder poner la cámara en estos espacios, rodar en las calles, en la casa de mis abuelos o recrear la barbería de mi abuelo se me pone la piel de gallina”.
Castillazuelo no funcionará, por tanto, únicamente como decorado. Sus calles, el paisaje y el Vero ayudarán a construir ese pequeño universo rural de 1998 en el que se desarrolla la historia.
Seis jóvenes actores y un rodaje profesional
Los protagonistas serán seis chicos de entre 12 y 14 años, procedentes en su mayoría de Un Perro Andaluz, escuela aragonesa especializada en formación cinematográfica de niños y jóvenes.
La responsable del casting es Leonor Bruna, fundadora de la escuela y reconocida este año con el Premio de Honor de la Academia del Cine Aragonés. Bruna acompañará también a los menores durante todo el rodaje para trabajar con ellos la interpretación.

Romance tenía claro que los personajes necesitaban naturalidad y credibilidad. “Los niños son los protagonistas absolutos y necesitábamos actores preparados”, explica.
Aunque Ro Lugar tendrá una duración aproximada de 15 minutos, detrás habrá una producción con un presupuesto cercano a los 50.000 euros y unas veinte personas de equipo técnico procedentes de Barcelona, Madrid y Andorra.
“El corto es cine”, reivindica Romance. “Se rueda igual. La diferencia es que grabamos cinco días y no durante un mes”.
El proyecto está producido por Romance Producciones y Coco Films, cuenta con el apoyo del Gobierno de Andorra y, una vez finalizado, iniciará su recorrido por festivales con la intención de alcanzar también certámenes calificadores para los Premios Goya.
Será el tercer cortometraje del director, después de trabajos como Quiet, que consiguió 13 premios y numerosas selecciones internacionales.
Pero Ro Lugar parte de una historia más pequeña: seis niños, un pueblo y un verano de 1998.
Y de una pregunta que sigue vigente casi tres décadas después: qué ocurre cuando todos ven lo que está pasando, pero nadie dice nada.



