Género: Drama, romance.
Dirección: Fernando González Molina.
País: España.
Año: 2010.
Duración: 118 min.
Interpretación: Mario Casas (Hache), María Valverde (Babi), Álvaro Cervantes (Pollo), Marina Salas (Katina), Diego Martín (Alejandro), Luis Fernández (Chino), Andrea Duro (Mara), Nerea Camacho (Dani), Pablo Rivero (Gustavo), Cristina Plazas (Rafaela), Clara Segura (Forga).
Guión: Ramón Salazar; basado en la novela homónima de Federico Moccia. Producción: Francisco Ramos, Mercedes Gamero y Daniel Écija.
Música: Manel Santisteban.
Fotografía: Daniel Aranyó.
Montaje: Irene Blecua y Verónica Callon.
Dirección artística: Patrick Salvador.
Vestuario: Loles García.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en España: 3 diciembre 2010.
No recomendada para menores de 12 años.
Sinopsis
Un drama romántico adolescente que narra la historia de dos jóvenes que pertenecen a mundos opuestos. Es la crónica de una relación improbable, casi imposible, pero inevitable, que terminará arrastrando a la pareja a un frenético viaje iniciático en donde juntos descubrirán el primer gran amor. Ella es una chica de clase media-alta que está educada en la bondad, en la inocencia y en las normas. Él es un chico rebelde, impulsivo, inconsciente, aficionado al riesgo y al peligro, enzarzado en un sinfín de peleas y carreras ilegales de motos, al límite del sentido común.
Crítica por Fer Broto
Esta semana nos visitaba 3 metros sobre el cielo, segunda película de Fernando González Molina tras la exitosa y sin embargo más que discreta artísticamente Fuga de cerebros. Esta vez elige la adaptación de la novela homónima del escritor romano Federico Moccia, especializado en amores juveniles.
Todo resulta tópico en esta película: el amor entre el macarra y la pija y los tormentos producidos por las diferencias sociales, y esa ausencia de originalidad es la que hizo que ni siquiera pudiera verla con una mirada de condescendencia -todos hemos sido alguna vez adolescentes- pero en cambio me sumió en el aburrimiento.
Todo parece una mala copia de otras películas, hasta los nombres de los protagonistas: H, hasta ahora siempre había asociado esa consonante a Martin H y Babi, casi idéntico al de la protagonista de Dirty Dancing. Así, claro, es casi imposible sentir la mas mínima identificación con cualquiera de los personajes o de sus situaciones o peripecias por esa sensación, que ya he comentado, de haber haberlo visto o leído antes.
Así que con una puesta en escena más bien pobre, un guión manido, una dirección titubeante, un ritmo narrativo a tirones… pues nos encontramos ante un producto intragable para todo aquel que no sea un adolescente o un acaramelado seguidor de Federico Moccia.
Con todo ello, los actores hacen lo que pueden que es más bien poco, claro que hay que decir que el guion no desarrolla lo mas mínimo los personajes lo que obliga a una composiciones completamente planas. María Valverde no termina de salir de sus posturitas de niña pija y tontita que puede más o menos dar el pego, pero nada más; en cuanto a su compañero demuestra en multitud de ocasiones sus avances conseguidos en el gimnasio, que permite justificar mínimamente su condición de sex symbol, he de confesar para mi resulta un misterio el éxito de Mario Casas y su rápida ascensión desde la televisión a la gran pantalla -cuatro películas en 3 años- sobre todo me chirría su pobre expresión facial, que para mí nunca me trasmite lo que se supone debería trasmitir, así que su actuación se mantiene en ese perfil bajo que domina toda la película.
Por último me gustaría reseñar, como anécdota, lo mal que estaba ecualizado el sonido justificado – aquel que escucha los personajes- parecía que el técnico hubiera cogido el CD de la caja y lo hubiera puesto en la sala de montaje sin que nadie se preocupara ya lo mas mínimo, pero como ya he dicho eso es solo un anécdota que solo ensucia una banda sonora que era de lo mejor del film, sin que ello significara gran cosa.
Así pues ya está todo dicho, por lo que vuelvo a repetirlo: un producto intragable para todo aquel que haya superado la adolescencia o que no sea un acaramelado seguidor de la obra del Federico Moccia.
Como siempre espero sus quejas en forma de comentario.


