En la madrugada del 2 al 3 de enero de 2026, cuando todos los cielos estaban iluminados por la superluna del lobo, el presidente de los Estados Unidos de América, desde su residencia, observaba atentamente (casi se diría que posando con su mejor perfil) cómo sus hombres de la Fuerza Delta, tras bombardear diversos objetivos militares en Torrejón de Ardoz y otros lugares próximos a Madrid, entraban en el Palacio de la Moncloa y sacaban de él, maniatados y con los ojos vendados, a Pedro Sánchez y a su mujer, Begoña Gómez, para ser juzgados en el país americano, suponemos, por socialistas, por corruptos, por amigos del chavismo, por no haber aumentado más el gasto en defensa o por su reciente viaje oficial a China. La vicepresidenta Yolanda Díaz, en comparecencia, horas más tarde, en la televisión española, exigió la restitución del legítimo presidente de España y condenó la intervención estadounidense, mientras el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, fue literalmente apartado como líder en un mensaje del presidente estadounidense, por no contar, según él, con “el apoyo y el respeto” del pueblo español. El primer ministro portugués manifestó su condena de los hechos, mientras el resto de los socios europeos se limitaba a expresar su preocupación, pedir calma y respeto a la legalidad internacional.
Hace años que no vivo de forma permanente en Madrid, pero en gran medida sigue siendo mi ciudad. Llamé a mis familiares y amigos, me dijeron que habían bajado a hacer acopio de víveres al supermercado y que en las calles todo estaba en aparente calma, mientras daban por televisión imágenes de numerosas ciudades extranjeras, en las que los contrarios al “sanchismo” festejaban la acción estadounidense vociferando la palabra libertad, e incluso agradeciendo la “liberación” del país, enfundados en banderas con el aguilucho, y amenizando su alegría con la letra falangista del himno nacional y otras canciones bien conocidas de similar ideología.
Es todo lo que sé y puedo contar, por el momento. Mañana viajo para allá, hace tiempo que tengo los billetes. Es noche de Reyes.




