Era un día frío y soleado, el otoño llegaba a su esplendor y los escolares percibían ya cercanas las vacaciones de Navidad. Dos niñas se divertían al salir del colegio camino de sus casas, pisando montañas de hojas que el viento acumulaba en algunos rincones de una amplia calle jalonada por majestuosos árboles.
-Me encanta el ruidito que hacen las hojas al pisarlas, comentó una de las niñas.
-Mi abuela dice que cada hoja que pisas, si lo haces pensando en una ilusión o en un sueño muy deseado se hace realidad, dijo la otra.
–Eso son tonterías ¿Qué tiene que ver una hoja seca con una ilusión deseada? Contestó su amiga con un tono airado y molesto.
–Pero la otra, que seguía pisando hojas con una sonrisa de gozo y embeleso, continuó narrando el desenlace de la historia de su abuela: Tienes que pisar la hoja con fuerza tratando de hacerla pedacitos, tan pequeños que casi se conviertan en polvo. El viento puede transportarlo hacia lugares imprevistos y lejanos hasta que algún impedimento, una roca, un talud o un pequeño saliente del terreno hace que se acumule junto a otras cosas, como pueda ser tierra y semillas de todo tipo. Con la lluvia, la luz y el calor de la primavera las semillas germinan alimentadas por los nutrientes del polvo de hojas secas convertido en un excelente abono orgánico. En ese momento, según mi abuela, tus sueños también germinan y se van haciendo realidad.
-Esa historia no puede creérsela nadie. Es absurda, pura fantasía.
-Hagamos una prueba para salir de dudas. Podrás comprobar como los vaticinios de mi abuela siempre se confirman, pues poseen la sabiduría de la experiencia.
-De acuerdo. Te propongo que escribas tu sueño más deseado en un papel y lo metas dentro de un sobre. Una vez cerrado me lo entregas para que lo guarde hasta la primavera, yo haré lo mismo y te lo entregaré a ti.
Las dos niñas cumplieron lo pactado y se entregaron los sobres con los sueños de cada una, que guardaría su mejor amiga hasta que decidieran abrirlos en primavera. Muy pronto llegaron las esperadas vacaciones navideñas y ambas amigas se despidieron muy cariñosamente, pues no volverían a verse hasta finalizada la época vacacional.
En la cena de nochebuena, la niña incrédula con los cuentos de la abuela de su amiga, recibió una noticia que la dejó muy impresionada, pues sus padres anunciaron delante de toda la familia que esperaban un bebé para la próxima primavera. Ella había escrito en su papel que deseaba por encima de todo una hermanita.
A la vuelta de vacaciones se abalanzó sobre su amiga y le dijo:
–Por favor, vamos a abrir los sobres con los sueños deseados que tengo muchas ganas de saber si se han cumplido ya.
-Ni hablar, las semillas germinan en primavera y tenemos que dejar que nuestros sueños duerman en el calor y la oscuridad de la tierra hasta que la primavera los haga florecer.
Entonces contó atropelladamente a su amiga el notición de la nochebuena que confirmaba que el sueño más deseado por ella parecía confirmarse. Sin embargo la otra niña apeló a la paciencia para esperar a la primavera, ya que había recibido una noticia pero no el sueño deseado. Propuso que los sobres se abrieran una vez se hubiera confirmado el nacimiento de su hermana, para la primavera, tal y como decía su abuela y habían acordado.
Llegada la primavera y nacida su hermanita abrieron los sobres. Una leyó en voz alta el sueño de su amiga: ¡Sueño con tener una hermana! A continuación lo leyó la otra con gran sorpresa: ¡Deseo que el sueño de mi mejor amiga se haga realidad la próxima primavera!
Ambas se fundieron en un cálido abrazo mientras algunas lágrimas surcaban sus alegres rostros.



