La Sociedat de Lingüística Aragonesa, entidad científica, y por tanto apolítica y apartidista, desea manifestar al respecto lo siguiente:
No puede denominarse a tal iniciativa una utilización partidista por el mero hecho de que únicamente una parte de los grupos parlamentarios la hayan aprobado. Del mismo modo que tampoco fue una utilización partidista la presencia, por primera vez, en el curriculum escolar de una asignatura optativa de aragonés, que, recordemos, fue iniciativa de un gobierno bipartito del PP y del PAR, ante las discrepancias, entonces, de otras opciones políticas.
En todo caso, se trata de una iniciativa socialmente incompleta. Y es lo primero que lamentamos: que el aragonés siga siendo instrumentalizado políticamente por unos y otros, pero no podemos lamentar la creación de dicha Oficina de la Lengua Aragonesa, por las siguientes razones:
Primero: cualquier oscense de más de cincuenta años recordará con afecto a Pedro Lafuente y su programa Altoaragón, que durante tantos años estuvo en antena en Radio Huesca. Allí se podía oír cada fin de semana el habla altoaragonesa que hasta la primera mitad del siglo xx todavía era usada por las clases más humildes de la capital oscense, entre ellos los hortelanos.
Segundo: el aragonés de la comarca oscense constituye un habla real, histórica, no una invención, y ha sido lengua cultivada en lo literario, destacando la obra de Agliberto Garcés, (Bolea, 1908-Huesca, 2002) así como otros autores de obra menor.
Tercero: la toponimia menor de Huesca así como la macrotoponimia de su término municipal, y de toda la comarca de la que Huesca es capital, es abrumadoramente toponimia en aragonés.
Por otra parte, no nos parece en absoluto que un contrato de 21.000€ para gestionar un presupuesto de solo 5.000€ sea dilapidar el dinero, y menos sabiendo que la persona responsable está muy preparada y está capacitada para dicho puesto. Algo que, en nuestra tierra, se puede contar con los dedos de las manos, pues es habitual constatar un amateurismo irresponsable, falta de rigor académico y la instrumentalización política de la lengua aragonesa (o de la fabla, neolengua construida a partir de aquella).
Consideramos pues que es una suma despreciable, máxime si tenemos en cuenta los recursos económicos que se gastan en otros asuntos.
Consiguientemente, nos felicitamos por que un ayuntamiento haya tenido la iniciativa de pasar de las palabras a los hechos en lo que se refiere a una promoción efectiva del aragonés.
Deseamos que tal iniciativa se extienda como un buen ejemplo en aquellos municipios donde todavía se habla una variedad de aragonés.



