Hacia 1870 aparecen las primeras aventadoras en el Altoaragón, se trata de aisladas demostraciones de máquinas para limpiar los granos después de la trilla. El principio de su funcionamiento está basado en la diferencia de peso y volumen del grano y de los cuerpos extraños que se han podido mezclar, así como de la paja. En el interior de un gran cajón construido de madera se alberga un ventilador que proyecta una corriente de aire sobre los granos a limpiar, a medida que pasan por unas cribas vibratorias, despojándolos de polvo, cascabillo, paja, plumas, etc.
Con la aventadora se había acabado la obligación de madrugar para aprovechar la brisa del amanecer o de la última hora de la tarde para separar el grano de la paja a fuerza de lanzar cara al viento miles de veces la mies, para terminar además cribándolo en “cedazos” y poderlo envasar ya limpio en sacos, con el inconveniente de que como no se terminara la faena en el día, tenía que dormir toda la familia en la era para aprovechar cualquier “voladeta” o brisa en la amanecida. Tanto la familia, como el pueblo, vivía prácticamente en las eras los meses de julio y agosto, entregados a la faena de trillar y limpiar.
Los constructores de maquinara, aprovechaban estos trabajos tan duros para presentar sus máquinas como la redención del agricultor, en cierta manera si que lo era, pero con las primeras aventadoras no, pues movidas a brazo humano por medio de manivela, había que estar turnándose en el manubrio, siendo el descanso el ensacado o el “retabillado” del grano que esperaba en el suelo, además de la carga y descarga. La oferta pues era tentadora, el invento traía el progreso, pero todavía hacía falta mucha fuerza humana.
En el año de 1880 después de haber vendido algunas máquinas de procedencia inglesa de tipo manual, el altoaragonés Leopoldo Navarro, comienza en su taller a construir estas máquinas modificando sustancialmente algunos detalles, pero sobre todo, tratando de hacerla mas efectiva y no tan gravosa de accionamiento, para ello trata de incorporar un “malacate”, que en definitiva ha sido en la historia el primer “motor” aunque fuera de sangre. Este aparato se encarga de multiplicar la fuerza y transformar su movimiento. Se trataba de aprovechar la caballería, o la yunta para que girando uncidas al brazo, trasmitieran con su rotación la fuerza que el “malacate” multiplicaba, logrando en su transmisión por medio de una polea de banda de cuero o lona, hacer mas continuo el movimiento de la aventadora, por lo tanto, más eficaz y productiva. Se había creado el “Sistema Navarro” que es patentado y obtiene el premio de la Exposición aragonesa de 1885 y el 4 de junio de 1886 la Sociedad Económica de Amigos del País, le concede su medalla y el uso del escudo de la citada sociedad.


