Desde la psicología sabemos que cada año, tras un largo periodo de descanso, reaparece la idea de un “síndrome postvacacional”. Algunas personas y medios lo equiparan a una depresión, pero la ciencia no lo respalda, no figura en los manuales diagnósticos y los estudios lo describen como un breve proceso de ajuste.
Es normal que al retomar la rutina aparezcan cansancio o irritabilidad porque dejamos atrás horarios flexibles y días de descanso y diversión. Los profesionales de la salud hablamos de un proceso adaptativo, con molestias pasajeras —apatía, insomnio o falta de energía— que duran unos días y remiten sin tratamiento.
La Universidad Complutense subraya que no se trata de un síndrome clínico y que la adaptación suele completarse en una o dos semanas. Además, el entorno laboral y la motivación influyen en esta sensación, por eso conviene revisar estas circunstancias antes de convertirla en una supuesta enfermedad.
La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), que agrupa a los médicos de atención primaria, calcula que alrededor de un 15 % de los adultos y entre un 5 y un 8 % de los niños experimentan este decaimiento. Para la semFYC se trata de una dificultad para readaptarse a la rutina, no de una patología.
Para facilitar la reincorporación se aconseja planificar, no volviendo de vacaciones el día antes de trabajar, dejar uno o dos días para recuperar horarios y sueño, retomar de forma gradual con metas realistas y cuidar la salud con dieta equilibrada, ejercicio y descanso regular. También ayuda organizar el ocio y respetar los horarios de comida.
Si después de dos o tres semanas el malestar persiste o interfiere seriamente en la vida diaria, se recomienda buscar ayuda profesional.
En resumen, el llamado “síndrome postvacacional” es más un mito mediático que un diagnóstico real.
Lo que sentimos al regresar de las vacaciones es una adaptación temporal, influida por la satisfacción laboral y por cómo hemos descansado, y no debe confundirse con un trastorno psicológico o con el inicio de un cambio emocional grave.
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