Estamos siendo bombardeados a noticias diarias sobre nuevas captaciones para el IS, en la sección de terrorismo, y no podía faltar, por supuesto, algún tuitero con sentido del humor que dé su opinión. No podía faltar, tampoco, nuestro presidente, criticado por su falta de sensibilidad social, pero con un excelente compromiso ante las posibles consecuencias de la independencia de Cataluña.
Y así van pasando los días, sintiéndonos cada vez más asfixiados ante la necesidad de escoger papeleta y viendo como cada líder de partido nos abraza con sus palabras y nosotros, situados al borde del sueño, nos dejamos mecer con la esperanza de habernos dejado dormir por los brazos correctos. Y no nos engañemos, eso nos encanta, forma parte del momento en el que se nos llena el alma de esperanza, del mismo modo que la economía por la que esta vez Mariano Rajoy apuesta, una economía “con alma”.
¿Podrían construir una España mejor? Pregunta inconsciente que se nos plantea al escuchar cada día la melodía compuesta por las dulces palabras de los líderes, esa melodía que se ve truncada por secuestros, algún terrible asesinato o por los malos humos recientemente interceptados que caracterizan a Volkswagen.
Pero seamos realistas, al ponernos a juzgar las desgracias y tragedias que atañan a nuestro país, sentimos una mezcla de vergüenza y desilusión, pero, al verse mezcladas las noticias nacionales con las internacionales, asomamos con curiosidad nuestra cabeza por encima de la reja que rodea nuestro país. Allí nos percatamos de cómo están las cosas y entre bombardeos, refugiados, inundaciones, terrorismo y corrupción, por un segundo, a través de la empatía, nos identificamos con ellos. Es entonces cuando, con una lágrima cada vez menos visible, volvemos a tumbarnos en nuestro confortable sofá, nos ponemos algún programa para abstraernos en la televisión y pensamos, aquí tampoco se está tan mal.

