Estas son las palabras de Ignacio Subías Albert, ese “chico de veintitantos” como él mismo se describe en su emotivo artículo ante el cierre de Casa Artero. Cierre que nos duele a todos y a ellos más que a nadie por motivos obvios. Pero el futuro, ya presente, nos aguarda y no podemos dejarnos llevar por lamentaciones o nefastos augurios.
Sí, es el fin de una época. Tiendas como Artero además de dar un servicio tienen una función social (son espacios de diálogo y reunión para vecinos y visitantes) y urbanística al mantener vivas las zonas, sobre todo en el casco antiguo. Como dice Eduardo Pérez Barrau en su artículo “hay una relación directa entre el crecimiento económico de la ciudad y el consumo en la ciudad”, pero el modo de vida cambia y los gustos también.
No podemos quedarnos anclados en el pasado, éste tenía muchas cosas buenas y otras no tanto, como las eternas jornadas laborales. Estamos ante un cambio de paradigma social que afecta tanto a los hábitos de consumo como a la forma de entender el trabajo y el tiempo libre, sobre todo por parte de los jóvenes.
Actualmente la tendencia es el comercio electrónico, no podemos luchar contra esto, solo preguntarnos por qué y buscar soluciones ¿Quizás por su facilidad y la falta de tiempo de todos? Entonces, ¿por qué no, (cómo ya se ha planteado) crear una plataforma que permita que compremos productos locales/comarcales de calidad a un clic y que nos los traigan a casa (con huella ecológica 0)?
Los momentos de crisis fomentan la creatividad y en los cambios de época toca reinventarse. Reinventarse o caer hasta que decidamos dejar de caer y buscar soluciones a una realidad cambiante a la que debemos adaptarnos. El ser humano es sociable por naturaleza y por supervivencia. Por ello las calles seguirán llenas, los escaparates abiertos y nuevas formas de negocio llegarán como la inversión millonaria de Amazon en Zaragoza. Solo hay que dejar de luchar contra los cambios y adaptarnos a ellos como siempre se ha hecho para sobrevivir. Creemos entre todos el futuro en el que queremos vivir, porque si todos estamos en una zona rural, en común tenemos mucho.
No queremos terminar este editorial sin reconocer el trabajo, el tesón, el servicio y la amabilidad de los propietarios y trabajadores del que ha sido nuestro particular El Corte Inglés. Muchas gracias y disfrutad del merecido descanso. Todo pasa y todo queda, decía Machado. La familia Albert – Artero queda en nuestro recuerdo imborrable.
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