Un juego se abre paso entre las canchas de fútbol sala y baloncesto de los colegios de la provincia desde hace unos años. Una práctica que ha alcanzado la categoría de deporte y que cuenta con federación y hasta con campeonatos Mundiales. Su nombre, Datchball aunque en esencia recuerda al balón prisionero.
Sus reglas se inventaron en un colegio por un maestro de Educación Física y sus valores son el mejor ejemplo de lo que debería entrañar el deporte: integración, respeto en la grada y cancha, intergénero y abierto a cualquier niño o joven (y padre o madre) ya sean habilidosos o no.
El próximo fin de semana 8 y 9 de marzo Barbastro vivirá la fiesta provincial del Datchball al ser la sede de esta competición itinerante. Quienes se acerquen podrán descubrir en las gradas o en la pista el buen rollo que inspira (y contagia) este juego.
No hace muchas décadas, se jugaba al balón prisionero en las calles. Bastaba con una pelota y una tiza para delimitar el campo.
Con la Democracia llegó a este país la modernidad y las mejores de las condiciones en todos los niveles, también en lo deportivo. Proliferaron pabellones polideportivos y los parques con porterías y canastas de baloncesto. Pero de la noche a la mañana, estos espacios de sociabilidad tan necesarios para el crecimiento saludable del niño incomprensiblemente fueron retrocediendo o limitándose a los patios del recreo de los colegios.
Hoy en día nos rasgamos las vestiduras porque nuestros hijos pasan horas enganchados a las pantallas. Estamos creando adictos digitales cuando un mundo analógico languidece sin que nadie ponga remedio. Nos llenamos la boca emitiendo cantos de sirena hacia los campeones locales, pero nos olvidamos que éstos se forjan no en pistas homologadas si no en las calles y plazas.
Barbastro adolece de unas instalaciones deportivas abiertas al público, una situación que contrasta con la de los pueblos donde se conservan estas canchas que otrora dibujaron los barrios de la ciudad del Vero.
El Ayuntamiento de Barbastro ha previsto en los presupuestos de 2025 crear una zona polideportiva en el entorno de Las Huertas. Idea que para muchas generaciones llega tarde y para el resto tampoco, en esencia, sirve, pues no son zonas accesibles para los niños. Lo idóneo sería que tengan lugares para jugar en el día a día en las distintas zonas de la ciudad. Más espacios de juego en cada barrio, o en su defecto, abrir los colegios por la tarde. Seguro que contribuiríamos a arrancar unas horas del móvil a nuestros hijos y a sembrar futuros campeones, cuando no, buenos ciudadanos.
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