Mayo es el mes de las flores, de la Virgen y de las romerías, y en Barbastro es el mes de las LETRAS. Desde que el concejal de Cultura, el doctor Ollé, tuviera la genial idea, a finales de la década de los 60, de crear unos premios literarios y en torno a ellos un programa de actos culturales propios de una gran ciudad española -con la presencia de los mejores escritores y artistas del momento- hasta nuestros días, Barbastro ha sido sinónimo de ciudad cultural.
Los barbastrenses se han sentido orgullosos de contar con los premios literarios decanos y más importantes de Aragón, pero también de ser paisanos de escritores como Manuel Vilas, Inés Plana, Mariano Gistaín, solo por citar algunos nombres. Toda esa herencia se forjó en el Mayo Cultural que año tras año llegaba a la ciudad del Vero hasta bien entrado el siglo XXI y tenía en el fallo de sus premios literarios el acto central.
Premios literarios de Barbastro
En este nuevo siglo, los premios literarios han aumentado en dotación, en prestigio y en calidad literaria. Y en los últimos años, la coordinación que realiza la profesora barbastrense de Literatura, María Ángeles Naval -una referencia en la poesía de la segunda mitad del pasado siglo-, con el apoyo del área de Cultura del Ayuntamiento, está dejando un enorme poso en la ciudadanía y continúa engrandeciendo la imagen literaria de Barbastro.
El último episodio para acercar la literatura a barbastrenses y visitantes lo hemos vivido con el Festival Barbitania y su epílogo Otra Mirada. Ha sido un privilegio convertirnos durante unos días capital literaria de Hispanoamérica, y también de Europa, pero sobre todo ha permitido a los vecinos de nuestra comarca tener contacto con grandes escritores y adquirir sus libros. Cualquier iniciativa que suponga la compra de un libro es plausible. Y mucho más si contribuye a la promoción de la lectura.
Barbitania ha nacido con un gran éxito, lo que le augura una continuidad que celebramos. Nos gustaría hacerlo como hacemos en esta tierra, en tonando una copla, como las que sonaron por todo el Alto Aragón por boca de Joaquín Campodarve, que a final de este Mayo Cultural se ha apagado, dejando tras de sí un rico legado lírico y sentimental que siempre recordarán en nuestros pueblos.

