Pedro Solana (Accésit en los XIII premios Félix de Azara por la serie “La otra dimensión del esquí”, publicada en Ronda Somontano). Pilar había contactado por radio con los compañeros, ya les había comunicado el feliz desenlace y no tardaron ni veinte minutos en aparecer tras el rescate. ¡Qué fácil
se contagió el entusiasmo entre los que llegaban…! ¡Todo eran sonrisas y saludos…!
La tarde iba cayendo, cada vez más gris, más fría e incluso comenzaba tímidamente a nevar. Fuimos preparando todos nuestro equipo, incluido Jordi, que se fijó otra vez los esquís y los bastones, como si nada hubiera pasado. Parecía que todos queríamos volver a la normalidad y esta nos hacía comenzar a descender uno tras otro por aquellas suaves laderas hacia el aparcamiento de Anayet.
Yo lo tenía muy claro, me situé detrás de Jordi a modo de guardaespaldas y saboreaba más aún que él cada uno de los giros que este muchacho tranquilo repetía una y otra vez como si nada hubiera ocurrido.
Una vez llegados a los coches quise llamar por teléfono a mi presidente, José Masgrau, para comunicarle lo sucedido y tranquilizarle.
Aquella noche, en el refugio Casa de Piedra, en el Balneario de Panticosa, Jordi quiso retirarse pronto a dormir tomándose un analgésico pues le dolía un poco un costado. Además, quería descansar pues al día siguiente continuaría con la actividad del curso intentando hacer del retorno a la normalidad serena, una conclusión personal de su experiencia.
Los demás aún tuvimos ánimos para salir hacia los hoteles del Balneario para tomar algo y comentar lo que nos había pasado. De alguna manera
celebrábamos que el protocolo establecido en caso de avalancha se había aplicado tal y como tantas y tantas veces se había ejercitado en las clases prácticas del curso. También era evidente que nuestras reflexiones nos iban a sugerir pequeños cambios en las pautas de comportamiento allí donde fuera necesario.
En los cursos, los grupos irían más próximos unos a otros siempre que fuera posible y desde el primer momento se encontraría un rato para realizar las prácticas de búsqueda con los aparatos ARVA. Era obvio que siempre se comprobaría al inicio de cada jornada de cursillo el buen funcionamiento de todos y cada unos de los ARVAS de los participantes.
En definitiva, que estas situaciones nos han de ayudar a seguir hacia delante cambiando los aspectos que haya que cambiar para afrontar problemas como éste, pero si se puede, mejor evitarlos.
Como os decía al principio, un hecho aislado, de repente, nos puede colocar
ante una disyuntiva, casi al borde del precipicio.
Gracias a Dios, lo que podía acabar en tragedia tan solo fue un susto. El variopinto grupito de Pedro todavía sigue en contacto a través de internet bajo un lema unánime: Estar para siempre unidos por el fraternal ABRAZO DE LOS ALUDIDOS.





