Es evidente que el juego del ajedrez tiene muchas similitudes con la guerra, desde el nombre mismo de las piezas de las que consta hasta las diversas situaciones y jugadas que podemos encontrarnos a lo largo de una partida.
Respecto a las piezas, tenemos en la primera fila de combate (en la vanguardia) a la infantería, los ocho peones (su significado etimológico en latín es “que va a pie”), por el paso lento con el que avanzan por el tablero; detrás en la segunda fila (en la retaguardia), y en el centro, a la pareja real, con sus respectivas coronas, el Rey y la Reina (esta denominación tiene su lógica, como decir el monarca o la soberana, aunque Reina fue sustituida por la palabra Dama, tomada del francés (Dame), que procede del latín Domina, “Señora”, como vemos también en alemán (Dame), en sueco (Dam) o en italiano (Donna), para evitar confusión en la notación de las partidas al empezar las dos piezas por la letra /R/, cosa que no ocurre en inglés, King y Queen, respectivamente); a su lado se sitúan los consejeros-asesores militares y espirituales del rey, los alfiles (palabra que procede del árabe hispánico alfíl, y éste del árabe clásico fil, del pelvi pil, “elefante”), y aunque no aparece la palabra “obispo” como sinónimo de esta pieza, y dado que en época medieval la iglesia se alinea muchas veces con la monarquía en las guerras, incluso con ejército propio, en ocasiones la he visto usada para referirse al alfil (de hecho, en inglés la pieza se llama precisamente Bishop, en portugués es Bispo o en islandés, Biskup), y desde época medieval la representación es un obispo con mitra, ya que se asemejaba a la punta hendida del elefante de guerra original; al lado de estas piezas se colocan los caballeros, montados en sus caballos o corceles de guerra, que es como conocemos a estas piezas (de hecho, en inglés el caballo en ajedrez es Knight, “caballero”); y cerrando el tablero se sitúan los carros de combate, como vemos en el sustantivo masculino, sinónimo de “torre”, “roque” (del árabe hispánico rúhh, este del árabe clásico ruhh, que a su vez deriva del persa rohh, y este del pelvi rah “carro de guerra”), de donde provienen palabras como “enrocar” (“subirse el Rey al carro de combate”, más tarde, “meterse el Rey al castillo, a la torre para protegerse mejor”) y “enroque”, o para la Torre en inglés Rook (y también Castle, de donde proviene castling para ese mismo movimiento del enroque); posteriormente, en italiano asociaron el sonido de la palabra original con rocco (“roca”), y de ahí pasó a “fortaleza, castillo” y, finalmente “torre”, como se conoce a esta pieza.
Respecto al léxico usado en ajedrez, y conectado con el lenguaje bélico, plagado también de metáforas, tenemos: (des- / re-)organización de las fuerzas (piezas), celada, trampa o emboscada, captura, sacrificio (posicional, de calidad, de extracción, de desviación…), destrozo, demolición o voladura del centro, del enroque…, amenaza (real, oculta o latente…), avance, ataque (conjunto o simultáneo), acecho, asedio, asalto, acoso, (contra)ofensiva, invasión o penetración en la retaguardia o en las filas del enemigo, retroceso, repliegue, clavada (de una pieza), persecución, defensa, punto fuerte o débil, contraataque, contrajuego, puede haber igualdad o equilibrio, inferioridad o desequilibrio material o de fuerzas, y, por el contrario, un dominio abrumador, una ventaja o superioridad (mínima, constante, aplastante), una pieza puede ser activa o pasiva, estar o quedar aislada o alejada del ataque o de la defensa de su Rey, desprotegida o sobrecargada (debe atender y controlar dos puntos a la vez), se habla de posición cerrada / abierta, o bien privilegiada o dominante de una pieza determinada, se dice que hay que abrir líneas, el centro, realizar una ruptura…; cuando un bando está en posición desesperada, abandona o se rinde (a veces inclinando su Rey en el tablero o dando la mano a su rival); y, si aquél está en una red de mate, va camino de la ejecución, del cadalso o del patíbulo, o de la crucifixión, sufrirá, en definitiva, un magnicidio o regicidio, pues no otra cosa es la jugada final, el dar jaque mate o, simplemente, mate.
Una curiosidad: Para referirnos a las casillas del tablero del ajedrez, podemos usar la palabra “escaque” (del árabe hispánico iššáh, este del ár. clás. šāh, y este del pelvi šāh ‘rey’), de donde procede el verbo “escaquearse” (con bella metáfora, “irse de ese escaque o casilla”, lo que pretende el Rey cuando es amenazado), o échecs en francés, chess en inglés, escacs en catalán, scacchi en italiano, szachy en polaco o escaques en castellano para el nombre del propio juego.


