A veces la cosa más dolorosa que tienes que dejar ir es la antigua versión de ti mismo. Las pérdidas siempre producen dolor pero ¿nos hemos planteado lo doloroso que resulta despedirnos de partes de nosotros mismos que forman nuestra personalidad?
Los seres humanos por naturaleza solemos resistimos al cambio, nos cuesta salir de todo aquello que nos proporciona seguridad, confort. No solo me refiero a situaciones como un trabajo estable, una relación de pareja, una vivienda… También nos resistimos a desprendernos de nuestras máscaras o personajes, aquellos bajo los que llevamos años ocultándonos con el fin de que no nos dañen y de ser aceptados y queridos.
Cuando comienzas a adentrarte en el apasionante mundo del autoconocimiento y del trabajo interior comienzas a iluminar zonas de ti que estaban en la sombra. El trabajo consiste en poner luz en la propia oscuridad, en abrazar esas partes que por distintos motivos comenzaste a reprimir ya de niñ@.
¿Cómo tomar consciencia de esas partes ocultas en mi? Aprendiendo de la mejor maestra que podemos tener:! la VIDA. Ella es un espejo que refleja lo que tienes en tu interior. En su infinita sabiduría, se va a encargar de repetirte situaciones que te sacan de tu zona de confort. Por ello pone frente a ti personas que te incomodan porque es el único modo de que tomes consciencia que están allí para que sanes lo que te ha conectado a ellas. Si, a veces no es fácil asumir que lo que ves en el otro que tanto te desagrada está en ti. Hay veces que se tarda tiempo en poder comprenderlo, sin embargo cuando lo logras las relaciones se transforman, ¡tú te transformas! y aquello que tanto dolor, rabia o tristeza te producía desaparece porque simplemente te estaba reflejando aquellas partes de ti que necesitaban ser atendidas.
Maravilloso ¿verdad?



